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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Juguetes viejos

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad05-12-2012

Estaban alineados en el suelo, en un tenderete improvisado, dentro de un caos ordenado de aquella forma de uno de esos mercadillos de trueque y segunda mano en un lugar cualquiera de esta España que duele. Eran diez, quizás quince, muñequillos pequeños. Algún peluche. Algún cochecito recuperado de la basura o quién sabe de dónde. Parecía el campo de combate de un bazar chino con productos no homologados por las legislaciones internacionales después de la batalla en que se rindieron armas. Historietas de caballeros medievales en pleno siglo XXI. Monstruos y princesas. Extraterrestres y dulces ositos. (Cuando el dinero se ha sobrevalorado las monedas no hacen falta. Herencia antigua. Juguetes viejos.) La escena continúa. El frío helador de la mañana corta la respiración. La piel de las manos enrojece. La nariz moquea. Se irritan los ojos. Y, tras la bufanda, una niña pequeña tira de la mano de su madre. Quiere uno de esos juguetes. Quiere una oportunidad para inventarse mil historias en las que el protagonista sea ese peluche rosa lleno de pelotillas y mugre. La madre accede. El vendedor se gana unas monedas y la cría obtiene premio a su insistencia: es millonaria en ilusión. Y eso que aún no ha llegado la Lotería de Navidad con su pedrea. Ni los regalos que centellean en las pantallas de los grandes almacenes. Un año de estos anunciarán los langostinos de Nochebuena con la operación paso del Estrecho. Quizás la sociedad española tenga que ser un poco esta otra niña de Rajoy de la que pocos hablan, de la niña que se conforma con un peluche rosa desgastado; o tenga que ser como ese hombre que se busca las mañas para ganar unos euros, en vez de esperar a que papá Estado le pague; o como esa madre que no se hipoteca por lograr lo que no puede adquirir. Es realista: ni siquiera lo hace para la niña de sus ojos. Quizás la reflexión esté incluso más allá, en valorar más lo que se tiene, aunque esté amarillento y deshilachado. La esencia de las cosas son las que mueven el mundo. La cría del peluche rosa recordará para siempre la mañana fría en que su madre le regaló al protagonista de sus historias infantiles. Posiblemente, el anterior dueño del muñeco ni lo eche en falta. Así de triste. Historias tontas de juguetes viejos. O no.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo