ANÁLISIS DE ESPAÑA
Ex presidentes

Por Alejandro Requeijo
2 min
España03-12-2012
Felipe los definió como jarrones chinos. Nadie sabe qué hacer con ellos. Dónde colocarlos para que molesten lo menos posible. A pesar de ello, los ex presidentes siempre hacen por no desparecer del todo de la escena. Les gusta reivindicarse. Cuentan que tras abandonar González oficialmente el liderazgo del PSOE, su sucesor, Almunia, tuvo que interrumpirle en alguna reunión con un “disculpe, pero resulta que ahora el secretario general soy yo”. Las opiniones de Aznar nunca han dejado de ser un referente para las bases del PP. Especialmente aquellas que iban dirigidas contra decisiones de su propio partido. Tanto González como Aznar tienen una cosa en común: el PSOE y el PP siguen siendo sus partidos. Se ha visto estos días en los que ambos ex presidentes disfrutan reivindicándose. Los socialistas han recurrido a la figura de Felipe para celebrar el 30 aniversario de su gran victoria de 1982. Parece como si en el PSOE hubiesen tenido que remontarse a esa fecha en busca de algo que les genere el orgullo necesario para tomar impulso. Aunque no tengan claro todavía hacia donde. Lo de Aznar es que ha sacado un libro de memorias. Nadie en el PP se atrevió a faltar a su presentación. Ambos ex presidentes imparten estos días doctrina acerca de cómo deberían hacerse las cosas. Al verles jugando ahora ese papel, uno se pregunta en qué momento un ex presidente deja de ser un paria al que hay que esconder durante la campaña para convertirse de nuevo en un reclamo a la hora de remontar intenciones de voto. Es decir, González se fue dejando una alta cifra de paro, su cúpula de Interior acabó en la cárcel, afloraron los escándalos de corrupción… Aznar se retiró experimentando un fuerte rechazo de la sociedad española, la guerra de Iraq, la gestión del 11M. Bajo su mandato se dio rienda suelta a la burbuja inmobiliaria, uno de los principales motivos de la crisis. Zapatero aún se encuentra en esa fase de purgar los pecados cometidos. Pero ya afloran voces pidiendo su pronto resarcimiento por sus avances en cuestiones sociales. A la gente le gusta pensar eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Puede que sea una sensación inevitable: al recordar épocas pasadas uno siempre figura más joven y arrogante. Con más pelo, menos barriga y todo por hacer. Pero esta sensación llevada a la política acaba resultando injusta por selectiva, excesivamente benévola y carente de autocrítica. Es fundamental conocer el pasado, pero quedarse en su mitificación es sólo la mejor manera de estancarse en el presente y no avanzar hacia el futuro.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






