ANÁLISIS DE CULTURA
Activismo en 140 caracteres

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura14-11-2012
Es sabido que las corrientes intelectuales de uno y otro bando han apoyado los acontecimientos históricos en los últimos siglos. Realistas, racionalistas y revolucionarios veían los hechos desde diferentes perspectivas. Los primeros consideraban al ser humano como egoísta por naturaleza, calculador e interesado. Los racionalistas preferían usar la vía diplomática antes que recurrir a la guerra. La “alegoría de la justicia” era su máxima, es decir, poner el énfasis en la balanza antes que en la espada. Los revolucionarios como Rousseau, Penn, Marx o Rosenberg compartían con los realistas el pesimismo existencial. Para Calvino el problema estaba en el hombre, mientras que para Rousseau la naturaleza perversa era algo intrínseco en la sociedad. La obsesión por conseguir la pacificación en el mundo de los idealistas a finales de la década de los 30 mostró ser un fracaso. El entusiasmo y devoción con el que actuaban se ensombreció por su falta de audacia. Son las voces que han apoyado la política mundial desde sus inicios. Ahora los cimientos están colocados y se mantienen fuertes: las corrientes intelectuales siguen siendo un valor seguro para apoyar a los actores políticos en los momentos más intensos de las campañas. Si hace poco veíamos a una buena parte de Hollywood apoyando al reelegido presidente Barack Obama, en España también estamos muy acostumbrados. Que Joaquín Sabina cediera su letra para la campaña de Ciutadans, donde también aparecen nombres de la cultura como Albert Boadella, no sólo ha impulsado al partido de Albert Rivera, sino que además ha significado muchas otras cosas para el país. En un momento de sensibilidad patriótica, donde unos y otros se posicionan alrededor del arriesgado entusiasmo soberanista de un político cegado por la mayoría absoluta, resulta muy efectivo ver que este cantante o aquel actor apoyan una u otra vía. El problema está cuando esas mismas corrientes intelectuales quedan cegadas por a)los intereses de unos y de otros, como las subvenciones, b)la fama que trae consigo o c)la pasión exagerada, que puede llevar a la locura. A esto le sumamos el boom de la comunicación política a través de twitter. Hace unos días, un grupo de 300 intelectuales del mundo académico, del periodismo y las letras y las artes firmaban una carta contra las pretensiones de Mas. El hashtag#300intelectuales inundó la red de mensajes de todo tipo. Algunos lógicos y convenientes. Otros fuera de lugar. Hay que tener mucho cuidado. Quizás se equivocaran las posturas idealistas, realistas y revolucionarias en el siglo XIX y XX. Pero la diferencia con la opinión de hoy es que antes de emitirla la reflexionaban. Ahora la conclusión queda resumida en 140 caracteres, y lo peor de todo, delata una expresividad impulsiva poco coherente con nuestros principios.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






