ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Por la boca muere el pez

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad14-11-2012
Desde que el hombre inventó el lenguaje lo ha utilizado a su antojo. Normal, para eso lo hizo. Nombrar algo es, en cierto modo, poseerlo, acotar una realidad, poner los límites. Pero con el tiempo, el ser humano también ha aprendido a que el lenguaje puede ser un arma poderosa y que la lengua bien afilada y un piquito de oro son espadas envenenadas, ligeras y cortantes para conseguir unas determinadas metas e, incluso, para derrotar al enemigo. Y así se explica que del uso se haya desembocado en el abuso lingüístico en el peor de los sentidos, incluso. De la necesidad se pasó al interés, de la comunicación a la mentira y de la supervivencia a las excusas. Las palabras cuando nacen se definen en un contexto pero luego vienen el día a día, con su práctica o abandono, con su desgaste y desuso, o el listo de turno con su poder de persuasión que las manosea a su gusto, para llevar esos significados al traste. Ahí está la historia. Desde el "no fui yo, me dijo la serpiente que cogiese el fruto" hasta el apellido "democrático" en los sistemas políticos más inhumanos en los que se buscaba la raza perfecta. Que la manipulación del lenguaje haya existido siempre no implica que tengamos que acatarla. Mucho peor aún es mirar a otro lado. No nos engañemos. Hasta la publicidad que promete convertir nuestro hogar en una república independiente se topa con la cruda realidad. Para empezar, muchas veces la vivienda cuyas paredes queremos empapelar de colores no es nuestra, sino del banco. Y, después, aunque haya algún lunático que lo pretenda, la casa de los españolitos no funciona bajo esas normas políticas ni es un cajón estanco. Más aún. Sabemos que la crisis es una crisis, no es una desaceleración, que la interrupción del embarazo es un aborto y que matrimonio es un pacto entre un hombre y una mujer con visos de prolongación en el tiempo. También en los tribunales, como en todas partes, hay aficionados de académicos venidos a menos que aceptan pulpo como animal de compañía para que les dejen seguir jugando. Pero ojo. El uso del lenguaje acaba cumpliendo sus propias leyes. Lo dice bien clarito el refranero: por la boca muere el pez.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






