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ROJO SOBRE GRIS

Esos cuerpazos de escándalo

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión10-09-2012

Hay algunas personas que se quieren morir. Me impresiona nuestra fragilidad. Me impresiona lo mucho que puede afectarnos algo y me pregunto si no será que tenemos un cuerpo invisible que también se rompe, se estropea, queda amputado por la vida, por el dolor, por el sufrir. No sé, un cuerpo al que no hacemos mucho caso porque no lo vemos y porque duele diferente, pero que también se queda parapléjico y se necesita curar. Hay personas que tienen roto el cuerpo que se ve, físicamente afectadas por experiencias y accidentes terribles o que han nacido así. Hay quienes saben casi cuándo morirán y cómo se irán atrofiando y atascando. Hay personas con un cuerpo estropeado que no obstante quieren vivir y que además quieren con tanta intensidad que nos hacen hasta llorar. Nos retan a ordenar las ciudades y el mundo para moverse y viajar, estudiar, leer, escuchar o hablar como los demás, y hacerlo con la mayor autonomía posible. De la mano de hombres de ciencia, arquitectos, médicos, artistas, diseñadores, políticos… hasta Stephen Hawking puede hablar a través de un sintetizador de voz que acciona con los únicos músculos que mueve de su cuerpo -unos en la mejilla y otros en la mano-. Le escuchamos en la inauguración de los Juegos Paralímpicos de Londres este año: en medio de aquel estadio repleto, en la oscuridad de la noche, un ser prodigioso en un cuerpo roto incapaz de mover salvo unos poquitos músculos, decía: “Vivimos en un universo gobernado por leyes racionales que podemos descubrir y entender. Miremos arriba hacia las estrellas y no abajo hacia nuestros pies. Traten de darle sentido a lo que ven y pregúntense qué hace que el universo exista. Sean curiosos”. Por qué unas personas quieren vivir y otras prefieren morir antes que seguir viviendo… Veo a los paralímpicos. Escucho hablar de ellos. Leo sobre sus vidas. Los necesitamos. Su actitud ante sus problemas es solución para los nuestros. Por estos hombres y mujeres sentimos admiración. Y les envidiamos: envidiamos sus cuerpazos, sus cuerpazos invisibles, esos cuerpos 10 en plena forma y sanos, curtidos en la forja de la debilidad y necesariamente entrenados por los dioses. A ver si no. Rojo sobre gris a los deportistas paraolímpicos, esos cuerpazos de escándalo.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo