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SIN CONCESIONES

Para...tontos

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión11-09-2012

Este artículo está escrito expresamente para tontos, para que ojalá lo lean esos tontos que paradojicamente se creen muy listos. Lo dedico a esos que quizá sean muy inteligentes en número de neuronas y en agilidad para generar pensamientos pero demuestran nula sensibilidad con todas las personas que son físicamente distintas. Estas líneas van especialmente destinadas a quienes son capaces de definir a otro ser humano como un "tontito" sólo porque la mirada percibe en el prójimo una diferencia física. Hace años, llamaban inválidos a quienes caminaban sentados en una silla de ruedas, como si por ello quedaran anulados para realizar una tarea dentro de la sociedad. Ahora, se les bautiza como discapacitados. No significa que sean menos capaces, sino que -según la Academia de la Lengua- tienen "impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales". Quienes trabajamos junto a ellos sabemos que, en muchos de los casos, tienen mayor capacidad que la media de los que supuestamente somos normalcapacitados. Por eso, en algunas empresas y sectores ya se les conoce con una nueva denominación: personas con capacidades diferentes. Llevo más de una década rodeado de personas con discapacidad y, gracias a ellas, he aprendido que un paralítico e incluso un parapléjico saca mayor rendimiento a su intelecto que el que anda, corre o levanta pesas en un gimnasio. El ciego no ve, pero escucha cada palabra en su cerebro como una grabadora; mientras que el resto sólamente oímos casi todo el tiempo y pocas veces atendemos de verdad a los sonidos de nuestro alrededor. Al sordo no le sirven sus orejas pero saca el mayor de los partidos a sus ojos. Y faltan los paralíticos cerebrales... esos son verdaderamente extraordinarios. Su cuerpo se mueve con lentitud y como a espasmos, pero su mente funciona a tal rapidez que asombran a cualquiera con el ingenio de sus conversaciones. Muchos hemos tenido la suerte de aprender todo esto a su lado, aunque todavía quedan muchos más por descubrirlo. Por desgracia, hay otros que lo han tenido ante sus ojos y no lo han querido ver, que han escuchado estas historias y no las han querido escuchar, que han tenido esta realidad a un paso y no han querido andar. Esos, supuestamente normalcapacitados son en realidad unos discapacitados de corazón y unos inválidos de alma. A esos, a los que va dedicada la cibercolumna, los tendrían que llamar paratontos. En estos tiempos en los que está tan de moda salir del armario, el mundo de la discapacidad ha ido más allá. Hace tiempo que salió de la habitación en la que algunos querían recluirla y ha entrado en la sociedad por la alfombra roja sin complejo a la cojera, la silla de ruedas, las muletas o los vaivenes. Al contrario, sus dificultades convierten en más meritorios sus éxitos. Sus triunfos dejan un sabor más largo, gustoso y profundo tras superar las adversidades. Los discapacitados son un ejemplo que debería mostrarse a todo el mundo y del que todos deberíamos aprender. Las televisiones deberían incluir más noticias y reportajes sobre sus avances personales y logros laborales. Conocemos a Stephen Hawking, pero hay muchos discapacitados anónimos con historias apasionantes que contar y testimonios vitales de superación. Ellos no se rinden ante las adversidades, no se quejan pese a los dolores, no mendiguean ayuda y no soportan dar pena. Junto a ellos, creces en humildad, en compañerismo, en fuerza de superación, en optimismo e incluso en buen humor. No importa su discapacidad. Sólo en el Periodismo, he conocido a cientos de profesionales aparentemente normales y he trabajado junto a muchos de ellos, pero el mejor de todos ha sido una mujer con un alto grado de discapacidad y apenas un metro de estatura. Otro ejemplo son los Juegos Paralímpicos que acaban de terminar en Londres. Los deportistas españoles han ganado allí 42 medallas (8 oros, 18 platas y 16 bronces). Son más del doble de las obtenidas en agosto por los atletas sin discapacidad, muchos de los cuales son profesionales que viven exclusivamente del deporte. Los paralímpicos, no. Su tasa de éxito multiplica por cinco a la de los olímpicos. En agosto, España llegó a Londres con 282 deportistas y logró 17 medallas, un metal por cada 16 participantes. En septiembre, España regresa de los Paralímpicos con 42 preseas cosechadas por un total de 142 competidores, una por ¡¡cada tres!! Al frente está la nadadora Teresa Perales, la Phelps española, que acumula 22 medallas en toda su carrera de Juegos. Pero su mayor victoria es la superación personal, las ganas de vivir, la alegría existencial y la normalidad con la que afrontan cada día. Sólo por eso ya merecen una medalla todos y cada uno de los que conviven con alguna discapacidad pero demuestran a diario que, en verdad, son requetecapacitados. Porque no hay peor discapacidad que la del que no quiere ver, no quiere oir, no quiere andar, no quiere aprender, no quiere trabajar y no quiere sentir.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito