SIN CONCESIONES
La crisis se va de las manos

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión11-07-2012
Como Alicia en el país de las maravillas. En medio de un laberinto sin salida, donde cada curva genera mayor confusión y donde la luz al final del túnel es sólo un espejismo. Así se comporta la crisis económica en España. Cada signo de esperanza se desvanece con la misma rapidez que aumenta la prima de riesgo. La desesperación de miles de personas crece a la vez que fluctúan los mercados. Nadie atisba solución porque la crisis es como una pescadilla que se muerde la cola. Cuando parece aproximarse el desenlace, vuelve a comenzar con mayor intensidad. Hubo una época en la que no queríamos ver la crisis y el Gobierno cerraba los ojos a la realidad. Bendito año 2008, en el que el mayor problema del país era una disputa semántica entre crisis y desaceleración, entre recesión y freno de la economía. Entonces no había más de cinco millones de personas en paro, ni el déficit superaba el 8% del PIB, ni se pagaban casi 30.000 millones de euros al año por financiar la deuda, ni los bancos estaban quebrados, ni había recortes sociales... Parecían tiempos felices, aunque en realidad eran el origen de muchos de los problemas que tenemos ahora. Para salir del bache nos metimos en un hoyo de gasto público y para salir del hoyo cavamos un pozo de despilfarro. Para trepar el pozo, la Unión Europea impuso duras medidas pero el agua subía y subía hasta alcanzar el cuello. Para respirar aire puro, se celebraron elecciones generales, se cambió el Gobierno y se emprendió la senda de la austeridad y las reformas. Pero tampoco da resultado. Ni por esas. Parecía que Rajoy sería capaz de enderezar el rumbo torcido por Zapatero, pero el camino se hace cada vez más tortuoso. Al principio, los ministros tenían fe ciega en sus medidas, convencidos de que invertirían la tendencia. Seis meses después, los ciudadanos parecen desconcertados y el Gobierno da síntomas de estar perdido. La semilla que Rajoy plantó en diciembre no ha florecido después de la primavera, así que se dispone a levantar la tierra y volver a sembrar con el ánimo de recoger los frutos en el duro invierno. El tijeretazo de 16.000 millones de diciembre fue insuficiente. Los 10.000 millones recortados en abril de educación y sanidad tampoco son bastante. Ahora, llega otra poda de servicios públicos y políticas sociales aún más grande. Parece la única forma de frenar la crisis, aunque la realidad es que tanto ajuste la agudece más. Todos los intentos para superar la crisis han fracasado hasta ahora. Ni las tesis keynesianas ni las recomendaciones de austeridad han dado resultado por el momento. Los economistas antes se enzarzaban entre sí discutiendo las medidas más idóneas para crecer y crear empleo. Ahora, cada vez más expertos admiten abiertamente su confusión ante la complejidad del momento. Ellos mismos no entienden las reacciones de los mercados y el constante castigo a los países europeos. ¡Apañados vamos si los técnicos ni siquiera encuentran explicación! Puede que detrás de la incógnita se encuentren los intereses económicos de China o los caprichos sociopolíticos de los jeques árabes. Ellos y no Europa son los nuevos dueños del mundo, aunque no queramos darnos cuenta. El viejo continente va camino de una depresión como la que Japón sufrió en la década de los 90. Ya son cuatro años de caída y lo único en que coinciden los expertos es que podemos tardar cuatro más en salir. ¡Uf...! Serían dos legislaturas perdidas, desorientados en el laberinto de la crisis. Como la Alicia de la película de Disney, pero -en este caso- en el país del paro, del déficit y de los recortes.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






