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ANÁLISIS DE ESPAÑA

La España de Del Bosque

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España02-07-2012

A cuenta de la crisis económica no son pocos los que han vuelto a plantear la existencia de una profunda crisis de valores como origen real del problema. En medio de ese debate aparece cada cierto tiempo un hombre empeñado en demostrar que hay otras vías para llegar al éxito. Vicente del Bosque en si mismo es una bofetada en la cara de tanto impostor y tanto salvapatrias de todo a cien que campan por pasillos de moqueta y espacios en los informativos. Y el hecho de que Don Vicente sea una persona excepcional y extraordinaria por poco habitual termina dando la razón a quienes denuncian que esta sociedad se construye cada día más en torno a unos modelos y unos referentes más que dudosos. Sin ir más lejos, a Del Bosque le echaron de mala manera de la que había sido su casa durante las últimas décadas porque tenía bigote y barriga. Lo había ganado todo y se fue sin hacer ruido. En su lugar pusieron a un fulano desconocido que vino a inventar el fútbol. Por supuesto no inventó nada y a los pocos meses fue despedido. El responsable de echar a Del Bosque es hoy uno de esos modelos a los que esta sociedad tiene como ejemplo de triunfo. Don Vicente no tiene 27 asesores, ni peluquero personal, ni agente de imagen. Es de Salamanca y le gusta pasar los veranos en el pueblo. Heredó un trabajo bien hecho y no tuvo la tentación de cambiarlo de arriba a abajo para hacerlo suyo y borrar cualquier huella de su antecesor. Se limitó a consolidarlo aportando detalles que lo mejoraron aún más. Ha ejercido siempre como el cortafuegos perfecto en un grupo que alguno preferiría ver dividido. Del Bosque es como un buen deseo navideño. Protagonista durante unos días de buenas intenciones, pero desgraciadamente luego se olvida y volvemos a lo de siempre. Ha aceptado la crítica de buen grado. Encajándola con humildad aunque a la hora de la verdad no ha dudado al apostar por lo que cree. Como hacen los líderes. "Hemos pasado de pobres a ricos demasiado rápido", dijo en la única vez que torció el bigote. Y tenía razón. Lo único que pedía a la gente era tener los pies en el suelo y no disfrutar por encima de nuestras posibilidades. La diferencia es que Don Vicente lo dice ahora, cuando se gana. Y no cuando ya estamos en el hoyo. Ha renovado durante la Eurocopa, pero ha advertido de que no tiene intención de aferrarse al puesto. Que si nota una corriente de rechazo, lo dejará. La direferencia entre él y todos los que dicen lo mismo, es que Don Vicente lo cumpliría. Tiene un hijo que se llama Álvaro con síndrome de down. Ni lo esconde, ni lo exhibe. Normalidad. Tuvo que subirle en el autobús con los jugadores durante la celebración del mundial porque se lo había prometido. Aquel gesto humano, precioso, de padre, parecía incomodarle por si alguien veía en ello un cierto trato de favor frente a los demás. Así es Don Vicente. Es el triunfo del trabajo discreto, la humildad, la sinceridad, el ir de cara siempre. Con esos ingrediente España ya no se planta en las grandes citas para jugar un papel secundario. Su estrella en el pecho reclama respeto. A Rajoy el fútbol le gusta lo justo y entiende poco. Pero sus viajes para ver fútbol de gañote se verían amortizados si en lugar de celebrar los goles e irse, se fijase en modelo que tiene en el banquillo.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio