ROJO SOBRE GRIS
Tirar del hilo

Por Amalia Casado
1 min
Opinión05-03-2012
Tengo mi primer ordenador. El primero mío-mío. Me resulta extraño. Convivo mal con lo propio, con las propiedades exclusivas, con esas cosas que son de uno y nada más que de uno salvando lo estrictamente necesario por higiene e intimidad. Hasta lo más profundo de mi ser, hasta mi yo más yo, ése yo que no conoce nadie más que yo, no lo he sentido nunca sólo mío, y desde que recuerdo tener recuerdos me he sentido conocida y acompañada por alguien, por un Alguien con mayúsculas. No sé por qué. No lo he elegido ni lo he buscado: sencillamente es así. Me ha venido dado. Regalado. Me paro a pensar después de escribir este primer párrafo. ¡Error! Aun siendo un ordenador principalmente para mi uso personal, es falso e injusto afirmar que sea sólo mío. No lo he fabricado yo; no lo he inventado yo: han sido otros, una gran cadena de otros que se remonta hasta el principio de los tiempos, desde el inventor de todas las cosas y de las leyes que rigen el comportamiento del universo hasta quienes las han descubierto, descifrado y aplicado para idear y fabricar cada pequeño detalle y elemento de este aparatejo. Tengo mi primer ordenador, pero no es mío ni sólo mío. Es de todos los que lo han hecho posible, y de aquellos que han hecho posible a quienes lo han hecho posible, y de aquellos para los que se hace posible. Tengo un ordenador, pero no puedo hacer con él lo que quiera porque no es sólo mío: tan sólo está en mis manos, así que tengo una responsabilidad con toda la humanidad. Rojo sobre gris a tirar del hilo, a tirar de esas aparentemente insignificantes hebras que nos conectan con todo el universo, con cada hombre. Y con una misión.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






