SIN CONCESIONES
De indignados a indignantes

Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión20-06-2011
De héroes han pasado casi a villanos. Fueron admirados antes de las elecciones autonómicas y municipales del 22-M. Aprovecharon el hueco mediático causado por una campaña un tanto insulsa y se beneficiaron del hartazgo social que causan los políticos actuales. El Movimiento 15-M surgió como una racha de viento fresco en medio del repetitivo debate entre Zapatero y Rajoy, que cada vez recuerdan más al Día de la Marmota protagonizado por Bill Murray en Atrapado en el tiempo. Muchos periodistas cayeron rendidos ante la novedad, ante el colorido de los campamentos, ante el despertar de una generación de jóvenes a la que se acusaba de estar adormilada. No importaba quiénes eran los promotores, ni sus demandas, ni las formas que empleaban. Muchas de sus propuestas ya estaban en los programas electorales de las formaciones que concurrían a los comicios, pero casi nadie las había leído. Pocos sabían que los indignados de la Puerta del Sol de Madrid o de la Plaza de Sant Jaume de Barcelona presentaban como algo innovador y revolucionario las mismas propuestas que IU o UPyD han llevado al Parlamento en los últimos años. La reforma electoral, una tasa para los bancos, la cancelación de la hipoteca por la entrega del piso... son cuestiones que el Congreso ha tenido encima de la mesa. De este modo fue como el 15-M se convirtió en una gran bola de nieva que, poco después, empezó a arrasar lo que se ponía por delante. Los primeros en quejarse fueron los comerciantes de la Puerta del Sol, muchos de ellos perjudicados porque el campamento de indignados se transformó paulatinamente en un circo reivindicativo repleto de ruido y suciedad. Pasaban los días pero las propuestas no se concretaban. El caos propio del debate asambleario ahogó al Movimiento 15-M y los incidentes contra el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón y el Parlamento de Cataluña acabaron por desprestigiarlo. El denominador común son la indignación y la protesta. Pero ninguno de los promotores acierta a detallar cómo mejorar la democracia, que Winston Churchill definió como "el menos malo de los sistemas políticos". Creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos compartimos el origen de la protesta, la esencia que levantó a miles de jóvenes de sus sofás y les sacó a la calle para reclamar un futuro mejor. Sin embargo, el desconocimiento de la realidad ha dejado en evidencia sus propias reivindicaciones. Piden democracia real pero muchos ni siquiera fueron a votar el día que la democracia adquiere su máximo sentido. Piden políticos de mayor nivel pero a la vez plantean bajar los sueldos de quienes se entregan al servicio público. Piden una reforma electoral pero luego desprecian a políticos como Cayo Lara que intenta cambiarla desde hace tiempo. Rechazan el bipartidismo a la vez que desprecian el ejemplo dado por Rosa Díez. Piden más inversiones públicas en el momento de mayor deuda de las administraciones, como si no hubieran entendido el problema de fondo de la crisis económica. Critican los recortes sociales cuando la única alternativa sería subir más los impuestos. Piden mejoras, cuando lo importante es trabajar por ellas. Hace falta menos ideología, menos utopías y mayor pragmatismo. Pero el 15-M también tiene su parte positiva. Lo mejor es el interés que ha despertado por la política. Son miles de personas las que han salido a la calle dispuestas a alzar la voz e implicarse. Quieren un país mejor. Quieren ayudar a que algo cambie. La inmensa mayoría no saben cómo ni para qué. Pero dentro de ellos hay algo que les impulsa... eso es lo mejor del 15-M. El francés Stephane Hessel, que encendió la mecha de los indignados, ha escrito ahora que "la indignación debe ir seguida de compromiso". Las manifestaciones multitudinarias del fin de semana demuestran que existe ese compromiso. Aunque sigue fallando el fondo. Está claro por qué se manifiestan pero aún deben descubrir para qué. Probablemente, los mismos políticos a los que critican serán los que acaben dando la solución. Porque esos políticos, a partir de ahora, están obligados a esforzarse más que nunca. Están forzados a entenderse en lo común, en el interés general. Deben demostrar a los indignados que su indignación ha merecido la pena. Ha servido para que despierte la conciencia de la sociedad y también la conciencia de los políticos.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






