¿TÚ TAMBIÉN?
Periodismo y mundo-medio

Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión09-05-2011
Los animales viven en un medio-ambiente, mientras que los hombres lo hacemos en un mundo-cultural. Los animales viven enquistados en un entorno estimúlico al que responden instintivamente, sin posibilidad de creatividad, de novedad, de cultura. Un medio sin volumen, sin límites, sin orden ni estructura. Estímulo-respuesta. Los hombres nos instalamos en un mundo, un mapa de la realidad que nos permite pensar más allá de lo inmediato, nos permite pasar de lo fáctico a lo posible, nos permite desarrollar creatividad, historia, cultura. Lo que permite la aparición del mundo de lo humano es nuestra capacidad para tomar distancia del entorno. Esa distancia es mediada por el lenguaje, y es fruto de la reflexión, de la lentitud, del pararse. Tenemos mundo porque ordenamos y damos sentido, establecemos límites y criterios. La ideología técnica identifica progreso tecnológico con progreso humano. La velocidad, la inmediatez, el tiempo real, son progresos técnicos. ¿Son, en toda circunstancia, progreso humano? El volumen y la velocidad de la información nos atoran. Nos perdemos en la cantidad, especialmente cuando no está estructurada o jerarquizada. Nos quedamos en lo superficial cuando no dedicamos a cada realidad el tiempo que tanto ella como nuestra capacidad de asimilación demandan. Los hombres empezamos a estar enquistados en el mundo-medio. Ese lugar virtual que se está convirtiendo en un entorno, en un medio, en el mismo sentido en que lo viven los animales. El mundo-medio es ese lugar artificial en el que el mundo deviene en mero medio-ambiente. Sin orden, ni estructura, ni sentido, ni límites. Al ritmo de infinitos estímulos. Tanta novedad inmediata que nos encierra en el eterno retorno de lo idéntico. Prueben a mirar de vez en cuando la tele. Cada vez que zapeo por Telecino, pienso en Nietzsche y el samsara, la rueda del sufrimiento. El frío, inhumano y sinsentido mundo-medio. Las redes sociales han derrocado en velocidad y volumen al periodismo. Lo está pasando, lo estás viendo, nunca fue un buen lema, pero ahora, además de no ser bueno, está obsoleto. Ya sabemos que el periodismo, siempre, va a llegar tarde. Ya sabemos que el periodismo, siempre, va a contar menos cosas. Antes, el periódico ofrecía una visión del mundo en 64 páginas, un mundo con su horizonte, su orden, su sentido. Hoy, Internet, twiter, Google, etc., nos ofrecen un entorno veloz e infinito, sin horizonte, ni orden, ni sentido, lleno de estímulos que se suceden velozmente. No tener límites ni tiempo es no tener mundo. Es volver a vivir en un medio-ambiente. Esta vez, artificial. El mundo-medio. Algunos ven en esto el fin del periodismo. Yo veo su salvación. La pena es que serán las circunstancias y no la reflexión la que obrará el cambio. El reto, como siempre, será no llegar los últimos y que la transición no sea traumática. La peor prensa huirá de nuevo hacia delante. La información se traicionó a sí misma al convertirse en producto de consumo. Ahora se traiciona de nuevo reduciéndose a estímulo en tiempo real, en la realidad entera en tu mano, al alcance de un solo clic. Pero el mejor periodismo tiene la oportunidad de despertar, y un público cada vez mayor lo está deseando. Hay hambre de buena información. Hay hambre de reflexión. Hay hambre de lentitud. Hay hambre de recuperar un mundo humano. Un horizonte de sentido, con orden, estructura, límites con posibilidad de reflexión y creatividad. Allí donde los hombres edifican un verdadero mundo encontramos ese lugar donde la vida se ensancha.






