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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

Que miren para otro lado

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía28-11-2010

De repente, tenemos los ojos de toda Europa y de medio mundo -de ése al que le importan la jerga de las bolsas y las veleidades de los bancos, porque a quien tiene que preocuparse únicamente por buscar algo que llevarse a la boca cada día le da lo mismo- puestos encima. Después de la caída de Irlanda, están esperando a que España sea la próxima en no presentar los deberes, a ver si nos plantan un redondísimo cerapio y nos mandan para el aula de diversificación con lo que en tiempos de mis padres se llamaba el pelotón de los torpes. En estos tiempos parece que para entrar en tal pelotón no se requiere la vagancia propia, sino el enconamiento ajeno. Hay que mantener encendido el altar de los sacrificios y, como es lógico, siempre se agarra la leña que está en la periferia del plato, dejando para el final el cogollo central. Es como si nos hubieran puesto un foco amenazante encima, buscando cualquier defecto con el que hacer sangre. Estamos de acuerdo en que España tiene muchos problemas económicos. Pero no son el tipo de problemas que los mercados castigan. El sistema bancario es uno de los más fuertes, no hay más que ver los recientes resultados del test de estrés (y a pesar de eso, piden que se acelere la concentración de cajas; algunos, como Botín, quizás lo quieran para merendarse a las más despistadas). El déficit público es relativamente bajo, sobre todo comparándolo con casos como el de Italia, sin ir más lejos (y todavía no se ha mencionado nada de rescates a Italia). Nuestro sistema hipotecario no está, ni de lejos, tan viciado como el estadounidense cuando salieron a la palestra los estragos de los hedge-funds, ni arrastra tantas hipotecas basura como el irlandés. Y la reforma de las pensiones, que parece haberse convertido en la raíz de todos los males, es algo que hay que plantear para asegurarnos la estabilidad dentro de 30 años, ¡pero dentro de cinco ni siquiera se notarán los cambios! En resumen: estamos muy mal por culpa del paro. Pero aún no hemos visto a ningún organismo, estado o dirigente con peso internacional promoviendo fondos para rescatar parados. Si fuese así, seríamos el número uno en la lista de afectados que salvar. Pero es que este dinero salvador sólo sirve para insuflar oxígeno en ese tejido bancario que ha destruido nuestras ilusiones en dos años. Y encima, el ciudadano de a pie, sin ver un duro, tiene que devolver el préstamo -porque, tengámoslo claro, el rescate es un préstamo- en forma de recorte de derechos. Así que ya pueden mirar para otro lado, que aquí, por el momento, ni queremos rescates, ni nos hacen falta.

Fotografía de Gema Diego