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SIN CONCESIONES

Fin del optimismo antropológico

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión22-11-2010

Toda teoría o movimiento humano histórico ha tenido un padre. Así, Monet consagró el impresionismo. Karl Marx puso las bases teóricas del comunismo. Y la muerte de Jesús en la cruz dio paso al cristianismo. Incluso, podríamos decir que José Luis Rodríguez Zapatero instauró una tendencia de pensamiento. Ocurrió el 1 de febrero de 2005. Subido a la tribuna del Congreso de los Diputados, se enfrentaba dialécticamente con el lehendakari Juan José Ibarretxe ante su proyecto para reformar el Estatuto del País Vasco. Ahí pronunció una declaración de intenciones que luego ha demostrado con su forma de gobernar. "Soy un optimista antropológico", sentenció. Aquella frase fue un titular bonito que debería haber pasado desapercibido de no ser porque retraba a la perfección a su autor. Incluso, se quedaba corta. El tiempo demostró que el optimismo antropológico de Zapatero era patológico. De otra forma no se entendería que el día antes del brutal atentado de ETA en la T-4 de Barajas afirmase que la lucha antiterrorista estaba mejor que nunca. De otra forma tampoco se entendería que el presidente del Gobierno tardase varios meses en admitir la crudeza de la crisis económica. La negó cuando estalló la crisis financiera en el verano de 2007, la negó en la campaña electoral de 2008 y sólo cuando la cifra de parados estaba por las nubes admitió que éramos víctimas de la crisis. Siempre sostuvo que España estaba mejor preparada que el resto de los países para afrontar la depresión económica internacional. Pero ahora, con 4 millones de desempleaños y la economía estancada, ha tenido que admitir que aún no ha terminado lo peor. Ya era hora. Zapatero ha abierto los ojos a la realidad por fin, pues parecía el único que no se había enterado de cómo está realmente al país. Sus palabras son el certificado de defunción del optimismo antropológico del que él mismo hacía gala, pero son a la vez el certificado de muerte de su manera de hacer política. El zapaterismo ha muerto, ha constatado su fracaso y ha dejado claro su fracaso estrepitoso. Sin embargo, Zapatero se resiste a admitir la culpa y se agarra con uñas y dientes al sillón presidencial de La Moncloa. La oposición le ha exigido que dimita o que convoque elecciones anticipadas porque nada ni nadie en el PSOE parece capaz de sacar a España de esta tremenda situación. Para colmo, la amenaza de rescate financiero a Irlanda o Portugal amenaza al Gobierno de Zapatero. Los bancos no aguantan mucho más. La botella está casi vacía. Por eso ha comenzado a recortar y a subir los impuestos. Tiene que reducir la deuda pública o llevará al país a la quiebra. Acabaron los tiempos del optimismo antropológico. Sólo sirve el pragmatismo y la eficacia. Y Zapatero sabe poco de eso.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito