ANÁLISIS DE CULTURA
Kraus no es Cristiano Ronaldo

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura10-05-2010
Desde hace meses miramos las cosas desde el lado negativo. Con la que nos ha caído encima es normal, cenizas incluidas. Pero un halo de esperanza parece renacer entre las tinieblas, o si no al menos lo parece. Vamos, que no es tan grave como lo pintan. Muestra de ello es que se haya subastado un cuadro de Picasso por más de 106 millones de dólares, o que Hollywood espere un verano de “taquillazos”: otra entrega de Shrek (las cuartas partes sí que nunca fueron buenas) o Toy Story 3 en el ya tan rentable cine en tres dimensiones. Pero otro tipo de espectáculo ha vivido en los últimos días su peor prensa. Ya se sabe, los aniversarios son momento de reflexión, y es lo que le toca a la ópera. Si ya de por sí tiene la fama de quedar reservado para ciertos grupos de la sociedad, ahora, con la crisis, el que antes no se atrevía a entrar ahora ni se le pasa por la cabeza. ¿En qué momento se encuentra la ópera en nuestros país? La fama cosechada sobre un público con alto nivel adquisitivo queda atrás: cualquier persona con ingresos medios podría ir. De hecho, hoy una entrada a un espectáculo de música pop como los que se pueden ver en la centenaria Gran Vía de Madrid puede resultar tan cara o más. Pero la ópera cojea en un aspecto: el público joven. El 70 por ciento que opta por esta afición tiene más de 40 años. Falta de publicidad o sencillamente está lejos de lo que está de moda. No se repite en los informativos como lo hace el fútbol. No obstante, la conclusión global es que el número de entradas vendidas en el Teatro Real de Madrid es apabullante. ¿Entonces por qué hablamos de crisis en la ópera? El problema que denuncian los colectivos de trabajadores de este arte en Italia (uno de los países más afectados)es que faltan subvenciones públicas, y esto afecta a los ingresos totales de los teatros que la ofertan. El desbarajuste económico les obliga a replantearse sus gastos y demandar un nuevo modelo artístico. Pero España aquí aprueba: porque la mitad lo paga el Estado, la otra se financia con recursos propios. Pero algo debe quedar dicho sobre esta acción escénica que deleita y sorprende desde 1350. Son demasiados los tópicos que se publican sobre un arte que ni mucho menos muere, simplemente se adapta al devenir de las nuevas generaciones como puede. Vivimos un estilo de vida fulgurante que a muchos no les permite disfrutar de un espectáculo que puede durar horas. El público de hoy no es el de aquel entonces, sino que está acostumbrado a recibir todo masticado. Está aniquilado por la televisión y la ópera requiere de una atención hoy perdida.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






