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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

Me ciegan las cenizas

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía08-05-2010

Ya no veo nada, no entiendo nada. Avanzar en medio de esta sucesión de desastres económicos es como andar a ciegas, como si las cenizas de un volcán islandés no me dejaran ver el mundo más allá de mi nariz. La UE hace un ejercicio de solidaridad general con Grecia y los especuladores atacan las bases del euro y minan las bolsas. El presidente del Gobierno y el líder de la oposición se reúnen y, con todos los problemas que tiene encima el país, se conforman con ponerse de acuerdo para forzar las fusiones en las cajas de ahorro. El paro baja ligeramente y da la sensación de que no sirve para nada, la desesperanza se acrecienta aunque la economía crezca un mínimo 0,1 por ciento. Las agencias de calificación cambian a capricho las valoraciones de los bonos, y con ello el capital se lanza de un lado a otro, se asusta, y se mantienen los pulsos desacompasados del capitalismo sin control. Y los gobiernos, ¿qué hacen? La UE dice que va a defender el euro como sea, ¿y qué va a hacer? ¿Va a lograr que los estados dejen de lado sus recelos internos en aras de la estabilidad económica? El informe del Grupo de Reflexión que preside Felipe González dice que no lo estamos haciendo bien, que se nos desmorona este nuevo imperio sui generis que hemos llamado UE. Si el Imperio Romano duró doce siglos, la decadencia de este ente europeo ha llegado tan sólo después de 60 años. Cierto era, entonces, que los tiempos históricos son cada vez más cortos. No es lo malo que en última instancia se caiga la UE con todo su equipo, sino que se destruya el modelo social que hemos construido en este continente y que nos dejemos absorber por sistemas como el estadounidense o el chino que nada tienen que ver con el nuestro. O, lo que es peor, que la pujanza de países en vías de desarrollo con democracias que de tales sólo llevan el nombre nos suman en un imparable descenso a los infiernos, en un desarrollo mundial de segunda línea siempre a su sombra. Es serio, pero parece que los gobernantes no se lo toman en serio. Tal vez las cenizas de un hipotético volcán no les dejen ver más lejos de su nariz. Quizás esta crisis sea como la fiebre que causa un virus, que sólo se puede aliviar con analgésicos pero no se puede curar. Que finalmente se marchará sola, tal como vino. Luego habrá que empezar de nuevo a alimentar con yogures un cuerpo arrasado. Y los políticos se arrogarán los méritos de la curación; y seguiremos ciegos.

Fotografía de Gema Diego