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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Juncos amarillos

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad11-04-2010

Resulta que el hombre tiene el gesto seco, serio y la voz profunda y grave. Es castellano. Está curtido por el frío y el sol del campo, por el trabajo con la tierra y los animales. Pasó una guerra fratricida. La pudo contar, pero con heridas en el alma. Luego, muchas décadas después, la madre de sus hijos se durmió una noche de verano. Se quedó solo con su ceño y su voz honda, en la intimidad de los paseos con el campo y en la creación de pequeños trabajos manuales. Es un ser con ciertas rarezas, pero la vida pega muchas cornás, a veces demasiadas. Por eso no es de extrañar que el hombre se parezca al abuelo de Heidi en lo brusco y lo uraño. Este lunes de Pascua, como regalo inesperado –no suele hacerlos, no es tipo de grandes detalles y cumplidos de esos que se apuntan en el calendario–, el hombre dio la sorpresa. Avisó de que había que pasar por su casa a recoger “una cosa”. Y allí estaba la cosa, en la cocina, en la mesa y junto a la ventana, repartida en al menos media docena de vasos a medio llenar. Todo estaba impregnado por el olor dulzón y amable de unos ramitos de juncos amarillos, de esos que los niños de antes acostumbraban a coger para llevárselos a las abuelas cuando despertaba la primavera. Los juncos son acuosos y muy delicados, y su tallo desprende una savia pegajosa como si en la palma de la mano hubiese patinado un caracol. Pero ésta recien apenas estrenada primavera ha sido fértil en juncos amarillos. Y el hombre de gesto seco y uraño se ha sentido intimidado por la noticia del esplendor del campo. Es como si el dulzón olor de los juncos hubiese tocado el corazón de este hombre que nació en las inmediaciones de ese valle al que los toreros llaman del terror. Y lo peor, lo mejor, es que el detalle ha conmovido las losas que la vida y, sobre todo, las personas, ponemos para sepultar el propio pecho. A veces viene bien rebajarse, humillarse para crearlo todo de nuevo. Acaba de ocurrir estos dias. Los juncos apenas sobreviven un suspiro en el medio vaso de agua. Pero el gesto, al menos, queda en estas líneas. Muchas gracias, abuelo.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo