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SIN CONCESIONES

Cuestión de principios

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión08-03-2010

No me gusta la gente oportunista y tampoco las personas arbitrarias. Los que cambian rápidamente de criterio o, simplemente, no lo tienen... me dan miedo. Nunca sabes qué esperar de ellos porque ellos mismos no saben el camino que deben seguir. Carecen de una pauta de comportamiento o unos principios sobre los que sustentar cada paso que dan en la vida. Por eso mismo admiro la coherencia y a los que defienden desde la serenidad y los argumentos aquello en lo que creen. Aunque no esté de acuerdo, los respeto porque son consecuentes. Los peores son aquellos que se tienen a sí mismos como único principio. No creen en nadie más que en ellos. Una vez tuve un jefe así y ahora me acuerdo de él por las cosas que hace Zapatero en el Gobierno. El mismo que retiró las tropas españolas de Iraq al grito de ¡No a la guerra! envía ahora más de un millar de soldados a luchar en Afganistán. El mismo que señalaba a la construcción como el cáncer de la economía ahora va a dar ayudar para hacer reformas en casa. El mismo que inventó el Pacto Antiterrorista luego fue capaz de sentarse a negociar con ETA. El mismo que prometía I+D+i para salir de la crisis ha dejado sin presupuesto al Ministerio de Ciencia e Innovación. El mismo que excluyó la reforma del aborto de su programa electoral ha aprobado una ley que permite matar a más de 100.000 bebés al año. El mismo que criticaba a Aznar por su seguidismo a EE.UU. ahora obedece al dictado los deseos de Barack Obama. El mismo que prometía libertad para el Sáhara fue capaz de abandonar durante un mes a la pacifista Aminatou Haidar. Es el mismo personaje pero sus ideas y sus actuaciones han variado radicalmente. No es que haya cambiado. Es que nunca tuvo unos principios firmes sobre los que asentar su política. Cuando una persona sin ideas claras alcanza un puesto de responsabilidad, suele cometer toda clase de injusticias. Para empezar, forja equipos en virtud de lealtades sin importar la valía profesional de quienes le rodean. Toma decisiones sin base racional y con demasiada frecuencia cae en la arbitrariedad porque no tiene mayor prioridad en la vida que sí mismo. Esta clase de jefes son peligrosos porque ignoran el bien común, se mueven por apetencias personales y constituyen un mal ejemplo. Cuanto más suben, peores son las consecuencias.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito