¿TÚ TAMBIÉN?
El mundo en un Carrefour

Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión14-02-2010
La única ventaja de comprar en Carrefour en hora punta es que se pierde mucho tiempo en “hacer nada”: mayor tráfico en que en el corazón de Madrid, largas distancias entre un tipo de producto y otro, colas interminables para pesar las frutas y verduras y para pagar. Ya que esa es verdaderamente la única ventaja, pensé en aprovecharla. ¿Qué se puede hacer cuando nada puede hacerse? pensar. Lo primero que uno piensa en una de esas grandes superficies es cuánto ha cambiado el mundo. Del hombre cazador y recolector ocasional de “lo que hay” a su alrededor, a estos mega-supermercados donde todo está a mano, hay un abismo. Del tipo de hombre que dedicaba su vida a la supervivencia dispuesto a comer “lo que sea” al tipo de hombre que escoge entre la infinidad de alternativas de un supermercado (crudo o precocinado, industrial o ecológico, nacional o del otro lado del mundo…), hay otro abismo. No ya por el tiempo que uno y otro invierten, ni siquiera por la facilidad o imposibilidad de acceder a determinadas opciones… sino por lo que hay debajo de todo eso: una cuestión moral. Del hombre primitivo que agradecía a la madre naturaleza la posibilidad de sobrevivir, al hombre contemporáneo que llora y se pregunta si tiene sentido vivir en un mundo sin sal maldón o tabasco verde. Y lo más dramático es que entre uno y otro hombre no nos separan 4.000 años de civilización, si no sólo 2.000 kilómetros de distancia. Pero al final de la compra, cuando ya estaba en la cola, sucedió un pequeño milagro. Un niño, solo, con un enorme balón rojo de fútbol entre sus manos, empezó a llorar. Había perdido de vista a sus padres. Me paré en seco y salí de la cola, otra mujer hizo lo mismo, y también una anciana. El llanto de un niño perdido rompió la rueda frenética del consumo insolidario, del tráfico infernal, de las preocupaciones gastronómicas… En aquel momento, un niño había perdido a sus padres, y todo lo demás no importaba. Salvo para una cajera, preocupada porque el niño saliera del supermercado sin pagar el balón rojo. El mayor drama siempre muestra su lado cómico. Yo hablaba con el niño, la mujer avisó a los de Seguridad y la abuela lo cogió de la mano: “Tranquilo, encontraremos a tus padres. Estás a salvo”. Seguimos hoy con el debate sobre la nueva ley del aborto. Al salir de Carrefour, me preguntaba: ¿Qué es el liderazgo? ¿No es la cualidad de quien es capaz de sacar en cada momento lo mejor de quienes le rodean? Pues no hay mayores líderes que los niños indefensos y perdidos. Aquel chiquillo, llamado Daniel, hizo evidente que en el Carrefour también hay humanidad, y de la mejor clase. Otro argumento, esta vez egoísta, en contra del aborto. No es sólo que esos niños merezcan vivir. Es que necesitamos de esos niños para ser más humanos. Nuestro mundo les necesita, si no quiere perder definitivamente cualquier raso de humanidad. Allí donde un pueblo se compromete en luchar por los indefensos e inocentes, se edifica ese lugar donde la vida se ensancha.






