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ANÁLISIS DE ESPAÑA

La sucesión de Zapatero

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España25-01-2010

Puede que sea por aburrimiento, oportunismo político, simplemente por la falta de temas o incluso por mala leche. De cuando en cuando, a la clase política le da por afanarse en debates recurrentes que como vienen se van sin que nada cambie en realidad. Los hay de muchos tipos, desde la necesidad de un gran pacto en Educación a la peligrosidad de algunas razas de perros, la situación de los inmigrantes en España y ahora también la sucesión de Zapatero. Preguntarse hoy quién podría sustituir al presidente al frente de PSOE sería como pretender buscar recambio a Guardiola en el banquillo del Barça. No porque Zapatero gestione el país con la ilusión y la habilidad con la que gobierna su equipo el entrenador culé, sino porque cuando las cosas funcionan es mejor no tocarlas. Vale que la estrella del presidente se apaga cada día un poco más, pero también hay que reconocerle su capacidad para llegar al poder y –sobre todo- mantenerse cuando la lógica auguraba a su partido una larga travesía por el desierto. Recuerden los tiempos de Almunia y Borrel. A día de hoy, por tanto, se trata de un debate estéril. Pero eso no quiere decir que en el futuro los socialistas no vayan a tener un gran problema con ese tema. Zapatero ha zapaterizado de tal manera el PZOE que da la impresión de que no hay vida más allá de su figura. Y eso no es bueno. Desde los primeros días simplificó un partido tradicionalmente de corrientes a una sola –con perdón del PSC y algunos viejos roqueros a los que a veces les da por reivindicar la ‘E’ o la ‘O’ de las siglas socialistas-. Fue eliminando o desplazando a posibles sucesores que le podían hacer sombra, algunos muy válidos. Otros se apartaron voluntariamente por miedo a que les sucediese lo mismo y les mandasen, por ejemplo, a perder los mejores años de su vida en las moquetas de Bruselas. En su lugar fueron copando los primeros puestos gente de confianza, amigos, chamanes personales, socialistas sin carné, compañeros de pupitre... en definitiva, secundarios cuyo único currículum era la lealtad incondicional al líder. Los nombres que se podrían barajar para la sucesión o son demasiado bisoños, o están demasiado encasillados en sus papeles o/y simplemente no valen. Pero de momento, hay que insistir, la sucesión de Zapatero es un debate artificial. Salvo catástrofe, lo intentará de nuevo en 2012 contra el mismo rival al que ya ha ganado dos veces: Mariano Rajoy, líder de un partido en el que el debate de la sucesión no es un tema recurrente, sino una espada de Damocles permanente que le obliga a decidir siempre más de cada a los suyos que de cara a los ciudadanos. Eso si que es un problema.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio