Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

¿TÚ TAMBIÉN?

Cada vida importa

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión18-10-2009

La manifestación del pasado sábado en Madrid revela un cambio en las tendencias sociales en los últimos 30 años. En los 80, llegaron a España gritos como “Nosotras parimos, nosotras decidimos” en boca de mujeres que parecían muy poco educadas, pero bastante modernas y liberales. La inmensa mayoría de la sociedad española pensaba que ese grito era una estupidez, pero, como suele ser propio de la mentalidad conservadora, pensó que el sentido común acabaría imponiéndose. En lugar de eso, el año 1985 nos dejó una ley del aborto bastante problemática, que despenalizaba determinados supuestos de forma tan ambigua que, en la práctica, ha reinado el aborto libre hasta el punto de provocar irregularidades que pueden calificarse de infanticidio, como revelaron medios de comunicación extranjeros con el llamado caso del doctor Morín. Pero el sábado pasado tomaron las calles familias enteras, muchísimos jóvenes, muchísimas mujeres, gente que además de educada y hasta guapa, era sin duda moderna y liberal, que entiende que cada vida es un valor irrenunciable y que ha sido un ejemplo de civismo con pocos precedentes. Da igual si fueron 250.000 o 2 millones de personas -entre esas cifras anda el juego-, el caso es que pocas aglomeraciones recuerda nuestra democracia que fueran a la vez tan festivas, con tan pocos incidentes -ninguno-, tan unitarias en su mensaje, tan frescas en su propuesta, tan sanas, tan variadas ideológica y generacionalmente, tan de familia. Si algo sonó a viejo, pasado, absurdo, retrógrado, manipulador y desquiciado fueron las voces contra esta manifestación. Voces que, sencillamente, mienten sobre qué es el aborto, sobre las bondades de la actual reforma y sobre las intenciones de quienes se manifestaron el sábado. En primer lugar: es una evidencia científica indiscutible que el embrión es una vida humana individual, distinta de la madre. En segundo lugar, es una realidad jurídica indiscutible en nuestro ordenamiento que el nasciturus -el niño aún no nacido- es un bien jurídico que nuestra legislación debe proteger. En tercer lugar, es evidente que la libertad individual es un derecho con varios límites, entre ellos, el de no poder decidir sobre la vida de otro ser humano. En cuarto lugar, es indecente acusar a los pro-vida de querer encarcelar a las mujeres que abortan. Eso jamás ha ocurrido en nuestra legislación y jamás lo ha propuesto nadie sensato. Es más: uno de los puntos clave del manifiesto leído el sábado es el de proteger, cuidar y acompañar a las mujeres que han abortado; otro de los puntos clave, que el manifiesto fue leído por mujeres, y que contra la nueva ley y a favor de esta manifestación se leyeron muchos testimonios de mujeres que han abortado. Si hace 30 años defender el aborto libre sonaba moderno, hoy sonroja a cualquiera, incluso a quienes promueven esta ley, que lo hacen vendiéndonos hipócritamente una mayor protección jurídica (¿de quién? ¿de quién hace negocio con la muerte de inocentes?). Si hace 30 años, las manifestaciones pro-vida movilizaban a medio millar de personas cabreadas, hoy movilizan a cientos de mieles que quieren festejar el hecho de estar vivas, de que nadie decidiera por ellas su derecho a vivir, y de no haber decidido abortar a sus hijos. El sábado, más de 200.000 personas guardaron silencio mientras un chelo homenajeaba a los 90.000 niños que dejan de nacer cada año gracias a la ley del 85. Qué sería de nuestro país si contara con ese millón de personas que nos faltan desde el año 85. La salud moral, económica, demográfica y de futuro de un pueblo se mide por cómo valora la vida. Un pueblo donde unas vidas valen más que otras, donde unas personas deciden libremente sobre el derecho a vivir de otras, donde los embarazos son vistos como un problema o una amenaza, es un pueblo de miedos, desconfianzas, podredumbre y sin futuro. Un pueblo donde “cada vida importa” es un pueblo donde merece la pena nacer, vivir y hasta morir por él, pues es un pueblo firme en las convicciones que hacen posible que la vida se ensanche.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach