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PUNTOS DE DEBATE

De Doha a Londres

Fotografía

Por Elías SaidTiempo de lectura3 min
Opinión05-04-2009

Vaya semana de encuentros internacionales que hemos vivido los últimos días. Entre la Cumbre del G-20 y la II Cumbre entre América del Sur y los Países del Mundo Árabe (ASPA), pudimos ver de nuevo los diferentes roles que muchos de los presidentes del mundo ejercen en el marco de estos contextos, así como el peso de cada uno en ellos, la importancia de las agendas paralelas, y las verdaderas voluntades existentes en cada uno de ellos para salir de la crisis y renovar los discursos tradicionales ejercidos por estos. Pese a la importancia de ambas cumbres, la del G-20 en Londres acaparó la atención de los medios. En ella se decidieron, entre otras cosas, la apertura a una nueva agencia internacional para el control financiero, el compromiso de nuevas inyecciones de dinero al Fondo Monetario Internacional y el asentamiento de un escenario de encuentro entre países desarrollados y emergentes desde un diálogo de ¨iguales¨, como bien lo expuso el presidente Lula durante su participación. Pero además, vimos un Obama diva ante los medios que cubrieron esta cumbre, la fortaleza que tienen Francia y Alemania para marcar los puntos en la agenda y la importancia de China, tercera economía del mundo, en el escenario internacional, al ser uno de los principales países que atrajo la intención de muchos en este encuentro. En cambio, en la II Cumbre de ASPA observamos las conocidas posiciones críticas hacia los países desarrollados (Estados Unidos) y su creciente deseo por ejercer de tutores de las decisiones que incidirán en el mundo, así como intervenciones, por demás cuestionables, por parte del presidente de Venezuela al invitar al presidente de Sudán, sobre el que pesa una orden de captura por crímenes de guerra y lesa humanidad en Darfur por la Corte Penal Internacional, y calificar la decisión de ¨adefesio jurídico y un atropello¨. Si bien estos espacios de encuentro resultan importantes para la suscripción de acuerdos entre países y el aumento de la visibilidad del respeto cultural en ellos, los resultados generados son claramente favorables en lo que se refiere al G-20, en contraposición con la cumbre del ASPA. No sólo por el peso de quienes participaron en cada escenario, sino por los tonos empleados, los cuales muchas veces suponen que los propósitos sean tomados como secundarios ante las impertinentes y desproporcionadas sentencias y subidas de tono que ejercen algunos presidentes a la hora de intentar llamar la atención con calificativos que, más que generar debate, dan lástima y encienden alarmas en torno a los nuevos dictadores de baja estofa, que no dudan en hacer de las instituciones prescindibles, si no les favorecen. Mientras todos veíamos en Londres un escenario preñado de imperfecciones, pero esperanzados en la refundación del sistema económico mundial, que aún queda por ver cuánto de lo acordado se cumple; en Doha, lo que se vio es una retahíla de presidentes, muchos de los cuales desmerecen sus investiduras ante su manejo bananero de las relaciones internacionales y del creciente deseo por blandir la misma espada de justicia que usan los países desarrollados para legitimar sus acciones. Pero esta vez, como defensores de los indefensos, cuando en el interior de sus países castran la democracia, empleándola únicamente a nivel verbal. Esta semana, se vieron dos espacios de relaciones internacionales, que pese a mis muchas críticas hacia los países poderosos, sólo ayudó a demostrar los grandes saltos que deben asumir los países en vías de desarrollo para transformar el creciente uso de estos escenarios internacionales como vitrinas de sus desvaríos y egos bananeros, en lugar de reflexionar y debatir constructivamente para la búsqueda de puentes que permitan ejercer el muntipolarismo en el mundo. No desde las diferencias o trincheras, sino desde la generación de argumentos de peso que ayuden a que dejemos de ver al final de cada cumbre la foto de sólo unos pocos.

Fotografía de Elías Said