Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

¿TÚ TAMBIÉN?

Primera Comunión

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión08-06-2008

Frente al libro de firmas de la Primera Comunión de mi prima Irene. Hoja en blanco. “Tú no tendrás problemas para escribir algo”, comenta mi ahijado, que me lee aquí siempre. Pero los tengo. Tanto, que en esta página tan importante en la vida de mi prima, me quedo, como José Hierro, “sin palabras”. “Me preguntas, Irene, y no sé qué respuesta he de darte. / Hace tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes. / Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible, / la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes”. Podría escribir muchas cosas, pero ninguna que explique el misterio de tu Primera Comunión. Ninguna que explique la honda felicidad que desborda en lágrimas los ojos de tus abuelos, tus padres, tu familia. Si ahora yo te dijera… “Siempre supimos que eres buena, pero nunca nos pareció que estabas tan cerca de Dios como el día en que Jesús entró en ti en tu Primera Comunión: cariñosa con todos, atenta, mansa de corazón, humilde y sencilla, cuidabas de tus primos pequeños sin darte importancia. Quizá demasiado responsable, agradecías los obsequios y, antes de apartarlos, regalabas sonrisas cansadas a todos los que queríamos compartir nuestra alegría contigo”. Si te dijera todo esto, te diría verdad, pero tan insuficiente, que tendría que ser sin palabras, para que tú me entendieses. Si ahora yo te dijera… “Querida Irene, hay quien, como tú, hace cosas buenas, porque así lo siente. Pero hacer cosas buenas no basta, si no se hacen por amor y con amor. Cuando experimentamos el amor infinito de Dios, y cuando confiamos en que adonde no llega nuestro amor, llegará el suyo, sólo entonces, hacer cosas buenas nos llena de fuerza espiritual y alegría. Sólo entonces, además de hacerles bien a quienes queremos, les hacemos también felices. Nos haces buenos, Irene, cuando vemos lo buena que eres; pero nos haces felices cuando sonríes, cuando te vemos alegre, cuando te vemos querer lo que haces con esa fuerza más fuerte que tú”. Si te dijera todo esto, te diría menos de lo que muchos queríamos decirte, pues tendría que ser sin palabras, para que tú me entendieses. Si ahora yo te dijera… “Tu Primera Comunión no es sólo tuya, ni es sólo temporal. Es la de todos nosotros contigo y es para siempre. En este Banquete Celestial al que Jesús nos invita a todos los hombres, y donde ya están todos los santos, y donde nunca falta pan, ni vino, ni alegría, ni música, ni amor, ni seres queridos… hay una nueva invitada: tú. Y ese Banquete Eterno, donde queremos estar todos nosotros -y donde empezamos a estar cada domingo-, no sería lo mismo sin ti”. Si te dijera todo esto, te diría sólo un poco de lo que significa tu Primera Comunión, pues tendría que ser sin palabras, para que tú me entendieses. “Si yo te dijera estas cosas, Irene, / ¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente, / qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos? / Y, ¿Cómo saber si me entiendes? / ¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?”. Cuando uno de mis mejores amigos me escribía, una vez, “amigo: no hay palabras”, todos nos reímos mucho. Parecía una fórmula fácil para evitar decir cosas importantes. Pero la vida está llena de misterios de amor, con ecos de Eternidad, donde las palabras no son suficientes. La Comunión es uno de esos misterios. Y verte en él conmigo, es algo tan hermoso que sólo me sale decirte -a veces, en lo sencillo, está lo más valioso-: “¡Irene, por fin, tú también! ¡Bienvenida a este hermoso lugar donde la vida se ensancha!

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach