SIN CONCESIONES
Ahora sí es Navidad

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión03-12-2006
Por fin ha llegado la Navidad. Ahora sí. No hace un mes, cuando comenzó en televisión el bombardeo de anuncios de juguetes. No hace diez días, cuando encendieron las luces que adornan nuestras ciudades y pueblos. La Navidad comienza con el adviento, con estas cuatro semanas previas a Nochebuena. El trepidante consumismo de nuestra era confunde el tiempo de la Navidad con el periodo comercial que fijan a su antojo tiendas y grandes almacenes. La Navidad tampoco termina con la festividad de Reyes ni con el inicio de las Rebajas. No. Concluye días después con la conmemoración de la circuncisión de Cristo, una vieja tradición que afortunadamente ha dejado de practicarse. La Navidad tampoco es tiempo de juergas alocadas y borracheras nocturnas, ni diurnas. Son fiestas para disfrutar junto a la familia, en recuerdo a la Sagrada Familia que hace más de dos mil años cambió el rumbo de la Humanidad. Para celebrar esta Navidad el Vaticano ha producido una película sobre el nacimiento del niño Jesús. Natividad no ganará grandes premios por su calidad cinematográfica pero es un mensaje verdadero sobre el motivo real de estas fiestas. Frente al irracional capitalismo y las costumbres antifamiliares que en los últimos años se han infiltrado en nuestra cultura, Natividad refleja el verdadero origen de estas fechas. Sin embargo, una cadena de televisión muy cercana al Partido Socialista de Zapatero presentaba hace escasos días esta película con el siguiente titular: "La Navidad, según el Vaticano". He aquí el colmo del laicismo. Quienes quieren acabar en España con todo signo religioso llegan al absurdo de acusar de subjetivista a la Iglesia católica cuando aborda un asunto exclusivamente cristiano. Quieren hacernos creer que la Navidad no tiene nada que ver con el nacimiento de Cristo, ni con la adoración de los pastores ni con el viaje de los Reyes de Oriente. Algunos quieren hacernos creer que la Navidad es un cuento o una fábula sin rigor histórico alguno. Pero se confunden profundamente. Hace siete meses pude comprobarlo en Tierra Santa. Allí visité la gruta donde el ángel de la encarnación se apareció a la Virgen María, los prados donde Jesús jugó de niño, la colina donde obró el milagro de los panes y los peces, el mar de Galilea sobre el que anduvieron sus pies, las calles de Jerusalén donde fue recibido como un rey y posteriormente fue condenado a muerte, sin olvidar el monte donde fue crucificado y enterrado para después resucitar. En las paredes de la casa de Pedro, por ejemplo, hay signos escritos de su existencia. También hay piedras ungidas de aceite que recuerdan sus milagros. Y además están los libros de la época. Los mismos que ahora critican que el Vaticano haga una película como Natividad también ponían en duda su mensaje hace un año con El código Da Vinci. Lo mejor esa película es que cuestiona la dividad de Cristo pero nunca su existencia. Todo lo contrario. El libro y la película de Dan Brown ratifican que Jesús nació hace dos mil años en Belén. Los cristianos creemos, además, que ese niño era el hijo de Dios. Por eso celebramos su venida a la Tierra en Navidad. Ni es tiempo de compras compulsivas ni de salidas nocturnas hasta el amanecer ni de tristeza melancólica por los ausentes. Es momento, más que nunca, de estar con las familias: la de uno mismo y la de la pareja. Es momento de celebrar el aniversario más antiguo del mundo y dar gracias a Dios por seguir juntos.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






