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EL REDCUADRO

La Torre 3

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura2 min
Opinión17-09-2001

Caídas las dos torres en Nueva York, ante los escombros, ante las banderas de un pueblo que no se avergüenza de su patriotismo, pienso que muchos, en España, siguen, seguimos viviendo en la Tercera Torre. Por ejemplo: no sé si en el piso 91 de la Torre 1 o en el 62 de la Torre 2, pero Luis del Olmo ha vivido durante mucho tiempo en las Torres Gemelas. Por siete u ocho veces se libró del avión que iba a buscarlo. Mas nadie me quita de la cabeza que Luis, que tantos, España entera mismo, siguen, seguimos viviendo en la invisible y mundial Tercera Torre. Por el mundo, todos los bien nacidos se sienten en esta hora americanos. En España podemos llegar a más: podemos sentirnos, no sin fundamento, inquilinos de la Torre 3. Una Torre 3 que está en el camino de venir de comprar los periódicos, en la bicicleta que han amarrado a una farola a la puerta de casa, en el coche que espera en el aparcamiento del hipermercado. Como en un funeral teletipo de crisantemos, letras doradas del "no te olvidamos" en la filacteria negra de una corona mortuoria, el rodante cintillo al pie de la pantalla de la CNN va dando las cifras definitivas de muertos y desaparecidos, terrible marcador simultáneo que ahora tiene ya la frialdad de las cifras de las cotizaciones que pasan por la pantalla de la Bolsa en Wall Street. Salen las cifras de muertos en el Pentágono. Me parece que van por 180. Menos de los que hemos tenido en nuestra Torre 3. Aquí en España (y perdón por lo de España), sin que reúna la OTAN, sin que nadie cite el artículo 5 de la parte contratante de la primera parte, sin que la Reina de Inglaterra vaya a un funeral en Londres, ni hagan acopio de queroseno en Rota, hemos tenido, en la terrible cuenta de los muertos, cinco Pentágonos de ataúdes. En nuestra Torre 3 han muerto ya más de 800 personas. Y la comunidad internacional ni se ha inmutado. Incluso nos ha costado años de trabajo convencer al mundo de que los pilotos de nuestros aviones no son héroes liberadores de un pueblo, sino asesinos. Y aún sigue habiendo quienes dicen, Javier Madrazo mismo, que hay que dialogar con Osama Bin Laden. Aquí, con nuestros cinco Pentágonos, seguimos llamando al juez Garzón para que levante los cadáveres del Downtown, no a la OTAN. Aquí, en la Torre 3, no sé en qué piso estoy, se siente una terrible soledad global. El avión puede seguir llegando de un momento a otro. Sólo nos queda el consuelo de que tras esta conmoción mundial se convenzan de que el terrorismo no tiene ideología, ni credo, ni patria. Que todos los terrores son el terror. Que tan asesino, cómplice y encubridor es un talibán con un turbante que un fanático con un pasamontañas y una boina. Y que los santuarios del terrorismo no sólo están en Afganistán. Que, al menos en la Torre 3, hay algunos que nos pillan un poquito más cerca.

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor