![]() |
|
|
![]() Mario Vargas Llosa, miembro del jurado, destacó que Cabrera Infante "ha creado un estilo muy personal, en el que el humor verbal juega un papel principalísimo, así como su enorme aportación a la conversión de la crítica cinematográfica en un verdadero género literario". Cabrera Infante es autor de una amplia obra literaria, novelas, cuentos, ensayos en los que, jugando con el lenguaje, recrea su pasión por La Habana. Hoy, exiliado en Londres desde 1965, nunca deja de pensar en su país. A Guillermo Cabrera Infante le costaba creer, al principio, que le hubieran dado el Cervantes. Pero la satisfacción por el premio no tardó en salir a relucir. "Para mí es un gran reconocimiento, donde antes apenas se me había reconocido, significa para mí el encuentro con la gran literatura española, la que parte del propio Cervantes hasta nuestros días". Lo cierto es que, a pesar de ser uno de los autores hispanoamericanos más reconocidos, a Cabrera Infante no se le han otorgado muchos premios. Cine o Sardina, el más reciente libro publicado por Cabrera Infante, reúne sus textos sobre cine escritos desde Londres. Para Cabrera Infante "el cine es el gran narrador de nuestro siglo, el cine es incluso mejor narrador que la novela". Cabrera Infante es un escritor que juega con el lenguaje, "lo que siempre me ha interesado del lenguaje son las posibles combinaciones y la enorme capacidad regenerativa de las palabras. Estoy envuelto en un juego permanente con el lenguaje, eso es lo que evita que me muera de aburrimiento ante la máquina de escribir". Guillermo Cabrera Infante reivindicó, en la narrativa escrita en español, las posibilidades revolucionarias del lenguaje. Hizo cantar la lengua, y ésa ha sido, entre otras, la gran contribución del autor de "Tres tristes tigres" a la libertad imaginativa de nuestra lengua. Es imposible no ver esa obra suya, precisamente, como una frontera en la que habitan juntos el humor, la historia, la cultura, en una mezcla que hizo de esa novela en concreto en lugar sin límites. Reinventó la novela, y lo hizo cantando, como si escribiera en voz alta para que todos los demás le leyéramos también en voz alta. Era una literatura para reírse de la literatura; le rompió el vestido a la solemnidad, y así hizo una literatura verdaderamente revolucionaria: habitada de sensibilidad y de pasión. El traje de Cervantes le viene que ni pintado a este personaje, que ha hecho de la lengua y de las palabras su campo de batalla, su instrumento para recoger el mundo y mostrarlo luego mientras guiña un ojo detrás de una voluta de humo habitada por el celuloide. El recuerdo de aquel 98 no debe quedar reducido a una celebración cultural de la efeméride y a la actualización académica e institucional de los datos históricos, sino que debería ser, además, un rescate de la vieja y siempre viva conciencia española de América, la conciencia americana viva, secular y antigua de la España de entonces, sobre todo, de la de nuestro presente y nuestro futuro en el inmediato siglo que viene. El año de 1998 es una fecha excelente para celebrar en la Casa de América no sólo el recuerdo del pasado, y de muchas de sus contradicciones, sino para abrir caminos y nuevos entendimientos, siempre necesarios y urgentes, con el continente americano. En el ciclo se pronunciarán varias conferencias, en las que intervendrán Fernando González-Camino, embajador en misión especial para los actos conmemorativos del centenario de 1898, Fernando Rodríguez de la Fuente, director general del Libro, el escritor José Manuel Caballero Bonald, el periodista Carlos Luis Alvarez les seguirán Guadalupe Ruiz-Giménez, Antonio Basanta Reyes, Ignacio Hernando de Larramendi, Luis González Seara, Xavier de Irala y José Luis Abellán, entre otros. Tomás Rodríguez-Pantoja Márquez, nuevo director de la Casa América, ve el 98 como una fecha muy positiva que nos sitúa en la realidad, haciéndonos salir de un sueño imperialista trasnochado. España empieza a mirarse a sí misma y a abrirse a Europa, y se moderniza. El estado moderno encuentra su pilar en el 98, en la reflexión que se hace en el 98. Rodríguez-Pantoja recuerda que el siglo transcurrido desde 1898 ha sido de aparente desencuentro. En aquella fecha América también se separa de sí misma. Lo que queremos es poner un espejo y comprobar cómo nos vemos los unos a los otros. La colección recorre mediante imágenes de sus edificios su carrera como arquitecto. Recién salido de la Escuela Superior de Arquitectos comenzó a planificar proyectos que luego serian edificios cotidianos en la vida de los madrileños. Este arquitecto estuvo dentro del racionalismo madrileño y durante esa etapa construyo obras como "Cine Europa" (1928) o el "Cine Barcelo" (1930). En ambos proyectos demostró sobradamente su dominio en la colocación de los espacios colectivos. Posteriormente, en la dictadura franquista, fue uno de los máximos exponentes de la arquitectura española realizando obras como "Ministerio del Aire" (1940). En esa etapa su figura se consolido en las altas esferas y su carrera vivió los momentos de mayor esplendor. El gran numero de edificios construidos ha contribuido a su popularidad y a su actual reconocimiento mediante esta exposición. |