El placer de leer

22-01-2013
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Acaricié la portada de Cincuenta Sombras de Grey, la novela británica más vendida de todos los tiempos. Estaba en mi librería habitual y me quedé pensando por qué no comprarla. Un rapto de inercia de masas.

La cosa es que salí rápido y la primera decisión creo que fue irreflexiva y práctica: un libro muy gordo que no puedo colar entre las cosas que tengo que hacer.

La sombra fue alargada y seguí dándole vueltas. Acaso no era verdad eso de la falta de tiempo porque en realidad siempre cuelo entre mis deberes lo que quiero más. Creo que si lo hubiera deseado lo estaría leyendo aún a costa de legañas y obligaciones. Así que la pregunta a bocajarro: ¿por qué no leer la novela erótica más vendida de los últimos tiempos?

El placer de leer es de cada uno, algo muy personal. C.S.Lewis, experto en crítica literaria, hacía la provocativa distinción entre usar una obra o recibirla. Cuando el sujeto usa un libro se limita a buscar en el relato hechos que satisfagan su imaginación o emoción. Recibir una obra literaria tiene una primera fase de rendición, de escucha y expectación, un “apartarse uno mismo del camino” para dejar paso a algo radicalmente nuevo y de lo que podemos formar parte.

No sabría hacer crítica literaria (encima no he leído el libro de marras) y ni siquiera estoy segura de si el “agrado” o el “desagrado” son variables suficientes para convertir una lectura en buena o mala. La oferta de esta obra es más que explícitamente erótica. Alta temperatura. Así se presenta y promociona. Un libro creado en su origen para ser usado, como los periódicos y las guías del ocio. Y creo que este tipo de lecturas entrenan y forjan malos lectores.

Recibir un libro es entregarse a él, aunque luego nos defraude. En este sentido seguramente muchos buenos lectores, que no tienen mis remilgos modernos, se han entregado a las Cincuenta Sombras de Grey con la intención de recibir algo más que una borrachera de fantasía. Pero hasta donde yo sé, la autora británica no pretendía más.

El hedonismo posmoderno está descreído del auténtico placer, que es bueno y es real. Cincuenta Sombras de Grey nos ofrece usar la literatura. Una trampa a tantos millones que podrían disfrutar de leer sin que les inflamen las neuronas. Existe un realismo mucho más real, que no está entre sombras, oferta infinita de placeres, pero alguien insiste en que todo es una mierda y entonces perdemos hasta la esperanza de gozar.

Volver a “La Montaña Mágica”, a “Fausto”, a “Grandes Esperanzas”, a “Orgullo y Prejuicio”, a “La Importancia de llamarse Ernesto”. Traspasar con gusto una vez más esas palabras, y muchas otras, hasta aprender a recibirlas. Y dejar que tantas páginas de la vida real, nos sorprendan y seduzcan.

Y me fui a pasear y noté que se alargaban los días y que habían descolgado las luces de Navidad y el aire silbaba.

Irene Vázquez

Licenciada en CC. Económicas y Empresariales

Máster en Filosofía y Humanidades

Publicista de oficio

Profesora de la UFV y filósofa amateur

Por una cultura de la creatividad

Twitter: @IreneVazquezRom


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