Cataluña y Puerto Rico

27-09-2012
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Cosas de la vida, hace apenas una semana volvía de un extraordinario viaje a San Juan de Puerto Rico y me encontraba con la siguiente frase al ponerme al día con la actualidad española: “Yo no quiero la independencia; yo quiero que Cataluña sea como Puerto Rico".

El propio Artur Mas, según fuentes de La Vanguardia, habría expresado este parecer en un almuerzo con empresarios catalanes en el que discutieron sobre el estatus de la comunidad autónoma que preside y de las posibles consecuencias de la posible separación de la comunidad que preside. Supongo que no sólo yo habré alucinado con tal afirmación.

Seguí “navegando” y di con muchas reacciones: los que apuntan a lo que significa realmente ser un estado libre asociado, a que Cataluña no podría votar en las elecciones generales y tampoco tener representantes en el Congreso y en el Senado y un largo etcétera de explicaciones legales y razones por las cuales uno y otro son diferentes. De cómo las relaciones económicas serían bilaterales entre estado y país o de si Artur Mas querrá o no que los suyos continúen siendo ciudadanos españoles. Pero, ¿qué hay del sentir general? ¿Qué hay de la sociedad catalana? ¿Se parece a la de Puerto Rico?

Y es que, cosas de la vida, durante el trayecto desde el Viejo San Juan hasta La Casita Blanca (restaurante del distrito de Santurce cuya excelente gastronomía de la tierra es digna de un solo post) me sumergí en una agradable charla con el conductor del taxi, al que pregunté sobre la próxima reunión que se celebra, recordemos, en este estado adjunto de EEUU para revisar las relaciones entre ambos. “Aquí queremos seguir igual”, decía el taxista, que afirmaba ser la envidia del Caribe. “Ya querrían Cuba o Santo Domingo vivir igual de bien que nosotros”.

Debería el señor Mas tener más en cuenta que Puerto Rico ha sido territorio español durante más de 400 años, desde la colonización de América, pero que, a diferencia de Cataluña, se trata de un estado, no de una comunidad que pertenece a España. Que es España. Puerto Rico no se ha secesionado de Estados Unidos; sus historias han recorrido caminos bien distintos. No es éste tampoco el caso de Cataluña con respecto a España.

No habrá caído el presidente de CiU en que allá donde ondea una bandera puertorriqueña, ondea la estadounidense. Bien juntas. Sin excepciones. O quizás una: cuando ondea también junto a la de Borgoña, que instauró como la oficial española Felipe el Hermoso en el siglo XVI en honor a su madre. Es decir, la única excepción es que ondeen las tres juntas, para más inri.

Sabrá el señor Mas que en 1620, durante el liderazgo español y cuando la situación económica de Puerto Rico no pasaba por su mejor momento, la lucha conjunta de criollos y españoles acabó con un enemigo común, en aquel caso el holandés, que tuvo que llevarse el fracaso en los barcos de vuelta. Una victoria por la que casi nadie apostaba y que, además, reinstaura el poderío español en el mundo.

Conocerá que gracias al español Manuel Fernández Juncos, nacido en Tresmonte (Asturias) en 1846, los puertorriqueños hablan español así como inglés. Sabrá que no hay leyes sobre cómo rotular un negocio, por ejemplo, y que ambas lenguas conviven pacíficamente.

Si el señor Mas pasea por las calles de Puerto Rico, se dará cuenta de lo mucho que su gente agradece la herencia española, cuánto la valora y aprecia. La Madre Patria nos llaman. Un bar de tapas sirve desde una paella hasta un fricasé de pollo al más puro estilo puertorriqueño. La mezcla, irresistible.

Sabrá Mas que, al fin y al cabo, los puertorriqueños gozan de libertad. Libertad para elegir cada año si seguir siendo o no un estado asociado con las condiciones de EEUU. Y su decisión ha sido hasta el momento que así lo desean.

Si Cataluña, tal y como aseguran ahora los nacionalistas, quisiera parecerse a Puerto Rico no sólo en lo legal o en lo territorial, sino quizás en lo más relevante, en lo que roza lo sentimental (del sentimiento es de donde nace precisamente el nacionalismo) debe ser una Cataluña orgullosa de pertenecer a España, de hablar su lengua y de haber heredado sus costumbres. Una Cataluña que no se avergüenza de su historia, de nuestra historia, a la que paradójicamente también pertenece el estado Boricua: hoy miembro asociado del país de la libertad, para envidia, que así lo decía el simpático taxista, de las islas vecinas.

Irene Sánchez

Licenciada en Periodismo

Actualmente vivo en Florida

Antes de venir a Estados Unidos, he trabajado en varios medios de comunicación de España

Twitter: @iresanmar


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