Banyan es un constructor de árboles. Los fabrica, usando chatarra y trastos viejos, para los ricos que buscan un alivio al desolado paisaje. En realidad Banyan nunca ha visto un árbol de verdad, porque todos desaparecieron hace más de un siglo, pero recuerda las historias que su padre le contaba sobre el Viejo Mundo. Aunque eso fue antes de que su padre también desapareciera.
Todo cambia cuando conoce a una mujer con un extraño tatuaje y decide iniciar un viaje en busca del paradero de los últimos árboles. Mientras intenta escapar de los peligros que acechan en las Tierras Yermas, Banyan descubrirá la verdad acerca de su familia, su pasado, y lo que algunas personas son capaces de hacer para recuperar los árboles.
Los paisajes post-desastre apocalípticos se han vuelto muy comunes en la ciencia ficción moderna: inundaciones, zombis, plagas mortales, alienígenas… todo sirve como excusa para condenar nuestro futuro y para demostrar nuestro maltrato a nuestro planeta Tierra. La desaparición de los árboles y cualquier forma de vida vegetal es el telón de fondo sobre el que Chris Howard teje la trama de El Constructor de Árboles en su inmejorable debut literario.
La prosa de Chris Howard puede resumirse en dos adjetivos: precisión y concisión. El autor no se pierde en largas descripciones del entorno ni en narraciones complejas. Su narrativa se reduce a frases breves, muy entrelazadas, con las que imprime un cierto carácter de suspense para mantener la intriga. El Constructor de Árboles es una obra con un gran dinamismo y constantes giros imprevistos que atrapan al lector desde el primer capítulo y lo llevan hasta el final de la trama sin darse cuenta. Howard aprovecha para insertar de forma sutil mensajes socio-políticos como el cuidado del medio ambiente o la marginación social. También hay una gran brillantez en la pareja protagonista, Alpha y Banyan. Sus personalidades están muy bien construidas y la relación que surge entre ellos es tan real que el lector se llegará a sentir identificado.
Los críticos definen a El Constructor de Árboles como una obra hermosa y evocadora. La novela es dura, con situaciones muy crudas y algunas escenas bastante desagradables de imaginar. Sin embargo, no faltan bellísimas descripciones de árboles y demás estatuas mecánicas, creadas a partir de piezas de metal desechadas, que es, realmente donde reside la belleza de la obra, quizás la única que queda en el mundo imaginario de Chris Howard. El autor recrea de manera excelente un futuro cuanto menos realista e inquietantemente similar al que el nuestro nos podría deparar. Un libro perfecto para los amantes de las novelas de adrenalina con un argumento que engancha a la primera y llena de guiños y homenajes al cine de ciencia ficción.