El erotismo está de moda. Cincuenta Sombras de Grey abrió las puertas a un tipo de novelas, a priori, relegadas al olvido. Una condena que hoy no parece ser tal, ya que que los títulos eróticos copan las listas de los más vendidos. Hoy en día, “es lo que se lleva”, pero eso no quiere decir que sea buena literatura. Errores ortográficos, fallos de redacción y argumentos excesivamente ‘trillados’ son los ingredientes de novelas como Pídeme lo que quieras, No te escondo nada, Pecadores, Diario de una sumisa… Y ahora hay que añadir otro título a la lista: El contrato, de Catherine Bybee.
Blake Harrison es un duque rico y encantador que, por desgracia, está a punto de perder su fortuna si no contrae matrimonio antes de dos días. Pero para solucionar el problema, contrata los servicios de Sam Elliot, propietaria de una agencia matrimonial. Sam resulta ser una mujer atractiva y provocadora. Tras conocerla, Harrison le propone la firma de un contrato por el cual recibirá una remuneración de diez millones de dólares a cambio de ser su esposa durante un año.
En principio todo iba a ser fácil: Sam sólo tendría que mantenerse alejada de la cama de Harrison durante ese tiempo, pero el innegable encanto del duque no se lo pondrá fácil.
Esto no es algo nuevo: él se lleva una agradable sorpresa con su humilde y seductora trabajadora, ella se enamora locamente, pero hay algo que los separa y finalmente… ¡Colorín, colorado, este cuento se ha acabado! Este recurrente argumento lo han utilizado multitud de autores para sus novelas eróticas, así que lo lógico es que el lector se espere un final de lo más fantasioso y previsible. Algo que le quita el ‘misterio’ a cualquier libro, sea erótico o no.
Por suerte para unos y por desgracia para otros, los encuentros sexuales son mínimos en esta novela, algo que últimamente prima en los libros de este tipo, por lo tanto, El contrato casi podría catalogarse como novela romántica contemporánea, algo que se agradece enormemente. Por fin, una novela que se centra en los personajes y en su historia, dejando lo erótico en un segundo plano.
Es una lástima que la autora no haya explotado un poco más la trama, ya que se queda corta, y resuelve el libro con un final un tanto escueto, a pesar de que la fortaleza femenina de Sam y el sex appeal de Harrison hubieran servido para escribir unos cuantos capítulos más. El contrato es una novela sencilla y fácil de leer, pero sobre todo es, cuanto menos, predecible. Así, lejos de dejar huella, la novela aspira a ocupar el lugar de los grandes referentes del género, quedándose a medio camino.