“Dejad que China siga durmiendo, porque cuando despierte, el mundo temblará”. Las palabras son de Napoleón. Y no le faltó razón. El país ha hecho de sus sistema productivo un gigante con pies de plomo, que ha hecho de las exportaciones su bastión. Las reformas económicas del año 1978 dieron un impulso a su economía, hasta convertirse en la segunda economía del mundo.
Ramón Tamames descubrió en su más tierna infancia su pasión por el país asiático, después llegó un libro clave mientras estaba en el Campamento de Milicias Universitarias de El Robledo, en La Granja de San Ildefonso en 1954. Por aquel entonces los españoles poco sabían sobre ese territorio lejano, que poco a poco resurgía de las cenizas del neocolonialismo hasta que su poder llegó a enfrentarse con los Estados Unidos en la guerra de Corea. Muchas visitas al país, lecturas sobre su estructura y la colaboración con el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid han dado como resultado China, tercer milenio. Un dragón omnipotente.
Desde la decadencia del Celeste Imperio en 2011, pasando por la desarticulación del país, a la guerra civil o la ocupación japonesa. Ambos autores recuerdan cómo se proclamó la República Popular en 1949 para después irrumpir en la historia mundial con las reformas de 1978 en un mundo cada vez más globalizado.
China se ha convertido en un argumento muy recurrente para escribir ensayos en los últimos meses. ¿Por qué? quizás la mezcla entre expansión económica y derechos laborales aún muy por debajo del mínimo aceptable por el resto del mundo, o su basta demografía estén detrás. Aunque su economía mixta está cada vez más impregnada de la cultura occidental, aún tiene por delante algunas asignaturas pendientes, como la reforma de las pensiones que combata los efectos de un envejecimiento de la población cada vez más acelerada y acentuada por la política del hijo único.
Los llamados BRICS, (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) son para muchos economistas la esperanza del presente y el futuro. Pero teniendo en cuenta la delicada situación que están atravesando los países desarrollados, con especial hincapié en el continente europeo, se han visto obligados a revisar su sistema productivo, dependiente de las exportaciones. La economía china debe impulsar su demanda interna ahora resentida. Los efectos del mundo globalizado ya se notan en sus resultados. Del récord de crecimiento que ha vivido en los últimos años, a un tímido 7,8 por ciento, que aunque comparado con España es una locomotora, supone su ritmo más lento en 13 años.