En un Jerusalén que está a punto de ser invadida por los cruzados, un sabio conocido como “El Copto” reúne a todos los habitantes de la ciudad, sin importar su sexo, edad o cargo, para tener con ellos una charla memorable. ¿Cuáles son las preguntas que más inquietan a la población? ¿Por qué? ¿Cómo se resuelven? El anciano siempre contesta a las cuestiones de sus oyentes, pero de una forma bastante peculiar, filosófica, lejos de aclararles el enigma, les plantea otras que les hacen recapacitar aún más.
Decir que el autor de este libro es el encumbrado escritor Paolo Coelho no sorprenderá demasiado a los lectores. En su último trabajo, El manuscrito encontrado en Accra el literato pone de manifiesto una verdad tan estrambótica como auténtica. Las dudas sobre la civilización antigua son exactamente las mismas que las de la gente de hoy. A los hombres les siguen preocupando dilemas tan abstractos como la utilidad o inutilidad del ser humano, cómo afrontar la derrota, nociones sobre la belleza, o por qué hay gente más afortunada que otros, Más allá de eso, ¿qué se entiende por suerte?
Un libro totalmente atemporal donde lo que sorprende no son las cuestiones planteadas, sino las respuestas dadas, que no dicen nada concreto, pero a la par facilitan todas las claves. Este tomo es mágico, con un tipo de magia corriente. Atrapa desde el principio con una estructura sencilla y entramada a la vez. Tiene el poder de personalizar a cada uno en una página. Los casos son muy variopintos, la gracia es que cada uno se identificará con alguno de ellos. Una fórmula infalible para tocar todos los palos y para sumergir al lector en un viaje cuyo retorno elige él, un trayecto hacia la introspección. A muchos místicos se les ocurre andar kilómetros y kilómetros para identificarse con su alma pero, leyendo este ejemplar, el efecto es el mismo sin moverse del sofá.
El tipo de escritura es a la que Coelho acostumbra. Sencilla, completa, cercana y rápida. Cuando redacta parece que habla consigo mismo, quizá ese sea el secreto de su éxito. Echando un vistazo a su biografía puede entenderse el rasgo personal que deja en cada página. Rebelde desde sus inicios, luchó por la libertad hasta la saciedad, no en vano dice en la novela que “no hay arma más poderosa que la palabra”, lo afirma alguien que estuvo prisión y vivió en sus carnes todo tipo de experiencias hasta que encontró su camino. Fruto de sus vivencias, anima con sus redacciones a que cada uno encuentre su lugar en el mundo, para él no hay sendas mejores o peores, todas sus únicas a su forma.
Esta vez opta por la parábola con una segunda intención. Deja a un lado las cuestiones religiosas que abarca en otras publicaciones, pero quiere que se note esa impronta espiritual, busca que le entiendan niños y adultos por igual e introduce un fondo complejo en una forma simple, incluso infantil. Como él mismo dice “los niños son el punto inocente y sincero de toda persona, no podemos darles de lado”. Así que El manuscrito encontrado en Accra se resume en tres palabras: atemporalidad, universalidad y enigma. Altamente recomendable por las verdades que encierra entre líneas, su encanto es increíblemente instintivo.