“No abras la puerta a ningún desconocido”, “Cuando seas madre, comerás huevos”, “Tomate rápido el zumo, que se le van las vitaminas”, “Sigue sin estudiar, que esta noche no sales”. Estas son solo algunas de las frases hechas más utilizadas por toda madre ejemplar, tengan sus hijos la edad que tengan. Claro, llega un momento en que los niños ya no son tan niños y empiezan a sentir cierta vergüenza cuando escuchan a la pobre mujer repetir los mismos eternos refranes de hace diez años. Por eso, se juran, y prometen que en el futuro no las imitarán. Bien, pues este libro es para ellos, para todos los retoños que han crecido con un coro de constantes recomendaciones maternales. De esta forma, a ver si descubren que, les guste o no, ellas nunca se equivocan y por lo tanto, sus sabios proverbios y advertencias no pueden caer en saco roto.
Amaya Ascunce, escritora y periodista, ha trabajado en medios como El Semanal o AR, además de colaborar con la redacción digital de la revista Elle entre otras labores. Esta vez ofrece al público lector una bocanada de aire fresco, unas cuantas sanas carcajadas y una vuelta a su más tierna infancia. Con su nueva publicación Cómo no ser una drama mamá busca reflejar algunas vivencias propias con su progenitora, de hecho, bajo el sobrenombre de “La nena” cuenta como es su propia mami buscando que todo aquel que la lea se sienta identificado con los chistes de las “brujas” que más nos quieren en el mundo. Algunas de las citas más tronchantes que pueden encontrarse son “Si te tragas un chicle se te van a pegar las tripas”, Amaya replica: “¡Ahhh!, ¿Por qué dejan al alcance de los niños un objeto tan dañino? o “No te acuestes con el pelo mojado que te puede dar un aire”, y la autora dice “Desde entonces tengo un miedo terrible a esos aires, aunque nunca supe lo que son”
A lo largo de las páginas participan también algunos ciudadanos de a pie que han dado su propia visión sobre lo que vivieron y oyeron de niños, haciéndose eco de este divertidísimo proyecto. Igualmente, una considerable cantidad de expertos, del tipo de Javier Urra o Rocío Ramos-Paul aportan su granito de arena a la obra.
Un total de 101 verdades de madre, nunca mejor dicho, prometen hacer pasar un rato bastante ameno, como ya lo consiguiera Elvira Lindo con ese entrañable Manolito Gafotas y sus ocurrencias que todo crio espabilado habrá tenido más de una vez. En esta ocasión, la estrella no es un preadolescente de Carabanchel, sino el ángel de la guarda que vive para cuidarnos, pero también para avergonzarnos y sermonearnos.
La temática es desde luego original, nunca antes se ha intentado algo así y, aunque como en todo, tendrá admiradores y gente a quien le resulte indiferente. Lo que parece innegable es que Ascunce ha disfrutado como una enana dándole forma y es justo que ahora comparta ese bienestar con su público. Un merecido homenaje a la madre adorable, histérica y sobreprotectora que todos hemos tenido, desde luego merece, aunque sea una ojeada porque, como más de una dirá “¿Cómo sabes que no te gusta si ni siquiera lo has probado?”