El señor de los anillos I: La Comunidad del Anillo
Autor: J. R. R. Tolkien
Editorial: Minotauro
Género: Ciencia ficción
Páginas: 576 páginas
Precio: 10, 95 euros
Se podría decir que la obra que inicia la saga de Tolkien padece del síndrome de Guerra y Paz: tiene unas primeras páginas (unas ciento y pico primeras en el caso de la obra de Tolstoi) que podrían utilizarse como sedante en quirófanos.
Especialmente tediosa es la parte en la que Gandalf llega a la Comarca en su carro perfectamente descrito a lo largo de páginas. Si Manolo Escobar hubiera descrito así el carro que le robaron la policía lo habría encontrado seguro. Y luego está el cumpleaños de Bilbo y los fuegos artificiales… por Dios, ni siquiera el bellísimo estilo de Tolkien puede tapar tanta obsesión por el detalle.
Pero todo esfuerzo, por titánico que sea, tiene su recompensa. Se puede decir que a partir de la llegada a la Cima de los Vientos, la cosa cambia, y la saga épica que ha pasado a la historia y que es lectura obligatoria en muchos institutos y universidades estadounidenses comienza de verdad.
Y a pesar de todo esto y sin exagerar lo más mínimo, se puede decir que La Comunidad del Anillo (y en realidad toda la saga) es el paradigma de la literatura de fantasía, creada en un momento en que esta no era popular. Por cierto, hay una moraleja o mensaje que no todo el mundo acierta a ver. A parte de hacer una mezcla ecléctica de filosofía, catolicismo y mitología nórdica componiendo la Tierra Media, el primer libro de El Señor de los Anillos es un libro antibelicista. Sí, sí, con todas las batallas que tiene la trama, es un libro que critica la producción de armas en cadena (¿alguien recuerda como Saruman crea a los Uruk Hai en la novela?). Nótese que el autor sobrevivió a dos guerras mundiales y después, un poquito harto de lo que la capacidad para fabricar armas de manera industrial había producido, lo reflejó en su obra.
Resumiendo: batallas sensacionales, acción, personajes entrañables, la eterna historia de la lucha entre el bien y el mal, entre la pureza y la sabiduría y la corrupción; y también una moraleja sobre el peligro de las máquinas de guerra nacionales. Todo ello descrito con un lenguaje preciosista y meticuloso (en ocasiones demasiado). En Estados Unidos es lectura obligatoria, pero debería serlo en todos los países del mundo.
Así que, querido lector, ve a la librería más cercana y hazte con una de las chorrocientasmil ediciones post-película que salieron. Yo soy uno de los afortunados que tiene una edición encuadernada en piel de 1983, antes de que Peter Jackson hiciera famosa la saga.