Jugando, ganando, pelea usted como el mejor. Se ha ido para no volver, pero no desaparecerá mientras permanezca su recuerdo. La memoria de un hombre de fútbol que, como jugador, deslumbró a Europa en aquella Champions League que pasó de sueño a pesadilla rojiblanca en pocos segundos. La estela de una estrella en los banquillos, un sol que creció en potencia hasta cambiar la historia deportiva de todo un país. Que se dice pronto ‘y tal’, diría usted, Zapatones.
Las cosas claras y el chocolate espeso. Si algo caracterizaba a don Luis Aragonés era su equidad en el tratamiento de los futbolistas. Sin diferencias, fueras canterano o Balón de Oro. Sirva su paso por el banquillo del FC Barcelona, donde se encontró con un díscolo e insolente Romario. “¡Míreme a la carita, a los ojitos!”. Consiguió enderezar el rumbo del equipo azulgrana para levantar la Copa de su Majestad el Rey. Majestad, por cierto, con la que mantuvo una relación cariñosa hasta el final de sus días.
Samuel Eto’o comprobó lo encendido de la personalidad de Luis. Como técnico del Mallorca, el madrileño cogió del cuello al delantero en una imagen que daría la vuelta al mundo. El camerunés comenzaba su meteórica carrera embriagado por las enseñanzas de su abuelo, palabra de Samu. Como sucedió en la Ciudad Condal, después de la tempestad se instauraron la tranquilidad y con ella los éxitos. Aquella temporada es todavía la mejor del equipo balear en cuanto a puesto en la clasificación, tercero, y puntuación.
Con ‘el culo pelao’, es decir, con 757 partidos como técnico de primera división a sus espaldas y su condición de trotamundos en los banquillos, lo más lógico sería no creer en el matrimonio, futbolístico, claro. Betis, Barça, Espanyol, Sevilla, Valencia, Oviedo y Mallorca han disfrutado al Sabio como capitán del barco. Pero su navío tenía un puerto favorito en la capital, zarpado ya el Paseo de los Melancólicos y arribado en el tramo central del río Manzanares. Usted no lo escondió, su corazón era rojiblanco.
Precisamente allí comenzó su leyenda nada más colgar las botas. El Vicente Calderón celebró a su lado, en tres etapas, una Liga, tres Copas del Rey, la Copa Intercontinental y una Supercopa de España. Y no descansó hasta que no vio al equipo de sus amores en lo más alto, incluso cuando el club descendió a segunda división. El Míster regresó, ganó el campeonato de plata y devolvió al Atlético a su lugar natural. Derrochando coraje y corazón, se convertiría para siempre en leyenda colchonera.
“Luis Aragonés es pasado, no voy a entrenar más”. Con esas palabras se retiró de los banquillos tras abandonar el Fenerbahçe turco, su última aventura a los mandos de la nave. Como buen Sabio, supo dejar la profesión en lo más alto y el destino ha querido que se vaya en una fecha muy próxima a una nueva tarde de gran fútbol en el Vicente Calderón. Desde el cielo no se cansará de repetir mil veces su ‘ganar y ganar y volver a ganar’. En su segunda casa, o tal vez la primera para un hombre apasionado de este deporte, le espera un homenaje a la altura de su figura. En tiempos donde se impone la moral distraída de los que se presentan a sí mismos como líderes carismáticos, la pérdida de Luis Aragonés merece el epitafio más sincero. “Máteme usted, pero no me mienta”. Hasta ese punto, gracias por su legado abuelo Luis.
Vibra el teléfono. "¡Hola! Tenemos nuevos términos de protección de datos. Para seguir, acepta". En las últimas semanas, diferentes aplicaciones móviles se han llenado de notificaciones, alertas y mensajes para informar a los usuarios sobre las nuevas políticas de privacidad... (sigue)