Ila es esposa y madre, pero no se siente muy feliz con su vida. Cada mañana debe darse prisa para preparar a su niña para ir al colegio y cocinar el almuerzo, que debe llegarle al trabajo a su marido a través de un sistema de correo muy desarrollado, pues recorre bicicletas, trenes, autobuses…
Sin embargo, un día no será el marido de Ila quien reciba la comida en el trabajo, sino Saajan, un contable a punto de jubilarse, solitario y sensible. Los caprichos del destino, sumados a lo rutinarias que consideran sus vidas, harán que Ila y Saajan vayan construyendo una historia de amor fantástica y en secreto (nunca mejor dicho), poniendo en peligro sus vidas públicas, pero escapando de la aburrida realidad. A partir de este momento, no serán los mismos, pues ambos encontrarán lo que les faltaba: esa chispa, los detalles que les devuelvan una sonrisa cada día.
Muchas películas románticas se basan en pequeñas casualidades para sustentar sus historias, como El ladrón de bicicletas (Victorio de Sica, 1948), o también otras más recientes. No obstante, es ahora cuando hay que potenciar este modelo, porque vivimos una época entre los efectos de la ciencia ficción y el sentimiento del cine convencional.
Ritesh Batra debuta con este pintoresco y romántico filme, que no se parece mucho a aquellos que recordamos al pensar en cine indio, Bollywood, ya que es mucho más intimista. Dabba (título de la cinta en indio) ha cosechado éxitos en Cannes y Toronto, puesto que se trata de una película sensible, romántica y que deja sólo buenas sensaciones en el espectador.