Philomena Lee es una mujer irlandesa que tuvo un hijo en su adolescencia al cual se vio obligada a abandonar. El resto de su vida se ha dedicado a buscarle por todos los rincones de la tierra. Mientras tanto, un joven periodista asiste al estancamiento de su carrera, acaban de despedirle y parece entrar en una depresión, pero es entonces cuando se le propone realizar un reportaje de interés humano, la historia de una señora ya mayor que lleva reuniendo pistas sobre un vástago al que tuvo que renunciar y por el que no ha dejado de luchar. El destino hará que estos dos personajes se entrecrucen y este encuentro no será solo físico, trascenderá e incluso les hará plantearse muchas cuestiones sobre sus esperanzas, perspectivas personales y concepción de la realidad.
El director inglés Stephen Frears adoptó el exitoso libro basado en una historia real, Philomena escrito por Martin Sixsmith y lo traspasó con bastante acierto a la pantalla grande. Una tragedia contada de la forma más humana y desgarrada, es una adaptación totalmente fiel a la novela y quiere tocar todos los palos, quiere acompañar en todo momento al espectador y hacerle sentir toda clase de emociones, llanto, risa, incertidumbre, pero sobre todo gran melancolía. Las películas basadas en sucesos verídicos están a la orden del día, no obstante, esta tiene algo diferente y ese algo se nota en la estética, en el tono, los actores, en la composición final. Cada aspecto se explica a continuación. En primer lugar qué decir de la interpretación, el cine ingles suele caracterizarse por la buena calidad de sus intérpretes y esta es una prueba más que lo atestigua. Los dramaturgos trabajan con alma, con conciencia en sus papeles, transmiten, comunican, casi como en una obra de teatro, donde tienen que declamar de forma más verídica porque cuentan con el directo, pues la sensación es esa, estar acudiendo a una obra teatral.
Otro punto importante lo da el guion que también merece un notable, sabe mantener el tono en cada momento según requiera la narración, por eso no sigue unas conversaciones lineales ni previsibles. Este largometraje se parece a la realidad más fiel, he aquí su mayor encanto. Se podría pensar en hacer una asociación que, aunque en principio podría sonar extraña, queda justificada y esa es el parecido que guarda esta producción con la francesa también premiada Intocable, se ve cierto paralelismo por la relación de amistad que se establece entre los protagonistas en ambos casos, ya que, aunque en distintas circunstancias, los lazos que les unen son semejantes. Otra similitud puede establecerse entre esta y el teatro griego de antaño, concretamente las tragedias, por la forma de abordarlas y el modo de actuar de la actriz principal, por su actitud ante la escena.
Un filme altamente recomendable que ningún sector del público debería perderse. Los afines al séptimo arte encontrarán una exquisitez y aquellos que lo tengan como mero entretenimiento descubrirán una historia digna de conocerse y disfrutarse. Llena de valores de los de antes, pero con la mentalidad y los recursos más actuales.