EL HOBBIT: LA DESOLACIóN DE SMAUG (Peter Jackson, XXII)

Y Bilbo se hizo grande

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El Hobbit: la desolación de Smaug

Director: Peter Jackson

Actores: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt, Luke Evans

Género: Aventuras

Duración: 160 minutos

País: EE.UU

Año: XXII

Grande. Bilbo no conoce en El Hobbit: la desolación de Smaug a Bárbol ni bebe agua de los Ents. No le pasa como a Merry y Pippin. No es por líquidos mágicos por lo que puede mirar un poquito más alto que los demás. Es su alma la que se ensancha hasta difuminar recuerdos de hogueras, despensas llenas y tabaco de “La Comarca”. A medio camino cinematográfico, Jackson saca con pureza de la tinta de Tolkien a un saqueador humilde cuya cobardía solo es equiparable a su gran corazón.

Bilbo, ese pequeño holgazán que encontró su coraje (y un anillo que dará negativo para una trilogía) entre los acertijos en la oscuridad, se gana a pulso en esta segunda entrega el respeto y el corazón de los testarudos enanos. Y también del espectador. Arañas gigantes, Elfos soberbios, cerradura encontrada a la luz de la luna para abrir las entrañas de la Montaña Solitaria, astucia contra Smaug… Un buen aprendiz de héroe este Bilbo Bolson.

Una película entretenida, con impresionantes planos de acción y con demasiadas aportaciones por parte de su director a una historia excesivamente dilatada. ¿324 páginas para tres películas? Algo pretencioso y que puede despertar a escépticos, que ven en esta saga más un balón de oxígeno para Warner Bros que una oda a la grandeza literaria de Tolkien.

Jackson deja claro, con demasiados guiños al anillo, la aparición de Légolas y su sexy compañera de cacería y los largos paseos de los magos en busca del Nigromante, que se puede jugar con el tiempo de cara al futuro espectador. Jackson está convirtiendo la saga fílmica de El Hobbit en una idónea y apetecible precuela más que una producción cerrada y sobresaliente. No quiere que los fans de unos años se vean en la dicotomía perenne de los seguidores de La Guerra de las Galaxias, divididos de forma irreconciliable por el salto generacional y la debilidad de fuerza del hilo argumental original en aras de grandes disparates visuales. Y es totalmente legítimo aunque no llega a las altas cotas que nos tenía acostumbrados.El Hobbit es el aperitivo para el gran banquete de El Señor de los Anillos y su paseo por los Oscar así lo acredita al no haber tenido ni una vigésima parte del reconocimiento que tuvo con la trilogía más exitosa de la historia.

También recalcar que la adaptación de El Hobbit a la gran pantalla vuelve a dejar mal sabor de boca a los que buscan ese halo de misterio y verdad que atrapó hace más de 70 años a los lectores de Tolkien. Se echan de menos las reflexiones a las que invitaban las interminables caminatas por el Bosque Negro. Falta algo más de intimidad e intención en la relación entre Gandalf y el hobbit. Echamos de menos las dudas internas, el miedo del mediano por andar lejos de su hogar jugándose el pellejo por el reino de un enano obstinado y poco amable.

A pesar de lo indicado, una película notable que aviva el deseo de conocer más sobre el mundo de Tolkien y de desaflojar el corazón del pesado tic tac, dedicando una par de horas a ver nuestra olvida mirada de niños reflejada en la gran pantalla, seducidos por la brutal imaginación de quien comenzó su historia con “En un agujero en el suelo, vivía un hobbit”.

Tráiler de El Hobbit: la desolación de Smaug:

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