BIENVENIDOS AL FIN DEL MUNDO (Edgar Wright, XXII)

El delirio del “Síndrome Peter Pan”

Comentar este artículoComentar Imprimir este artículoImprimir Enviar este artículoEnviar

Bienvenidos al fin del mundo

Director: Edgar Wright

Actores: Simon Pegg, Nick Frost, Paddy Considine, Martin Freeman, Eddie Marsan

Género: Comedia

Duración: 109 Minutos

País: Inglaterra

Año: XXII

Gary King tiene cincuenta años y una meta clarísima en la vida, reunirse con sus cuatro amigos de la adolescencia, a quienes lleva veinte años sin ver, para vivir su noche más desmadrada en mucho tiempo, un tour por los bares del pueblo hasta llegar al más emblemático, El fin del mundo. Por el camino, entre borracheras cada vez más acentuadas, descubrirán que tienen un problema mucho mayor que llegar a la meta. Han sido invadidos por robots, solo ellos pueden salvar al resto de ciudadanos. Una responsabilidad quizá demasiado grande para unos adultos tan “pequeños”.

Edgar Wright es el encargado de llevar este argumento a la gran pantalla. Como hizo ya en sus dos anteriores producciones, Zombis party y Arma fatal recurre de nuevo al infantilismo y al síndrome de Peter Pan que sufren muchos hombres adultos cuando sobrepasan los cuarenta. En la primera un protagonista altamente inmaduro, desligado de su madre y su novia, se ve obligado a “crecer “para liberar al universo de una invasión de no muertos. En la otra es un policía gandul quien debe afrontar sus responsabilidades en un pueblecito que no es lo que parece. Hay dos temas clarísimos que se repiten, también con este largometraje por tercera vez, la cuestión de la inmadurez reprimida y el tema de ciencia ficción ridiculizada, ya sea en forma de monstruos o cualquier otro espécimen.

Le gusta hacer películas que se alimenten de lo absurdo para aprovechar la mínima ocasión y meter, aunque sea con calzador, alguna lección moralizante: ¿Por qué no queda como una maniobra forzada? Principalmente hay dos motivos. El primero y fundamental es el humor inglés al que recurre con bastante acierto. Sus personajes son algo simples, pero de forma ingeniosa, no es tontería por tontería y, si bien no está a la altura de comedias como Un funeral de muerte, por lo menos consigue arrancar la carcajada. Además se distancia mucho de cintas menores, como la americana Juerga hasta el fin. Refinamiento y astucia es la clave, aunque no llega a humor inteligente. La segunda razón por la que no puede tacharse de mediocre es su intención noble. Busca ensalzar valores tan sensibilizados como la amistad o el aprendizaje personal a fuerza de obligaciones que asustan, algo que se ve mucho hoy, si bien aquí se pinta como una caricatura.

Aún después de todo lo dicho es necesario dejar claro que el filme no puede encuadrarse tampoco dentro de la bolsa del “buen cine”. Estas dos explicaciones previas solo la hacen pasable, ya que de no tenerlas, sería algo que rozaría lo lamentable. Sobre todo, porque los temas han sido muy explotados, aunque no exactamente igual, sí de forma muy cercana. Las interpretaciones son alocadas, en ningún momento brillantes ni de lejos. El guión, a excepción de momentos puntuales, no tiene absolutamente nada nuevo que decir. En resumen, un trabajo de donde se pueden rescatar los gags y el espíritu de fondo. Factores a cambiar: La estética, los intérpretes y el planteamiento que peca de ser algo superficial.

Tráiler de Bienvenidos al fin del mundo:



Estrenos | Más Películas
Síguenos en Facebook y Twitter
© 1997-2026 AGD y LaSemana.es
¿Quiénes somos? | Contratar publicidad