ALPS ( Yorgos Lanthimos, XXII)

El arma del esperpento

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Alps

Director: Yorgos Lanthimos

Actores: Aris Servetalis, Johnny Vekris, Ariane Labed

Género: Drama

Duración: 93 minutos

País: Grecia

Año: XXII

Al igual que hiciera Lars von Trier con su inefable Los idiotas, en su último filme el director griego, Yorgos Lanthimos, trata mediante la reducción al absurdo de plantearnos una idea tan siniestra como la forma en que ésta es materializada.

Como decíamos, la forma en que Von Trier llevará acabo aquella esperpéntica película se toca en algunos puntos con lo nuevo de Lanthimos. El director danés planteaba en Los idiotas un interesantísimo discurso sobre el desmoronamiento de los sistemas ideológicos con la desazón y el caos (tanto político como personal, véase Goodbye, Leni) que eso conlleva. Sin embargo, esta tesis que el director expone, sale a flote cierto tiempo después de ver la película, pues es tan esperpéntica y grotesca la forma en que se articula el discurso que el espectador, normalmente, afeará su rostro mostrando el rechazo que le provoca acudir al cine a ver una orgía en directo de un grupo de amigos mientras se hacen pasar por deficientes mentales (ni más, ni menos). Por absurdo que parezca, cuando más se masculla la idea más sentido adquiere eso que por un momento consideramos lo más delirante nunca visto. Con el caso de Alps pasa algo parecido, aunque el discurso del director griego difiere del dibujado por Von Trier.

El filme narra la historia de un grupo formado por dos hombres y dos mujeres que han constituido “Alps”, una suerte de Sociedad Anónima encargada de suplir la ausencia que deja un ser querido tras su muerte. Nuestros cuatro protagonistas tratan por tanto de adoptar, durante un número concreto de horas remuneradas al día, el rol que el fallecido en cuestión cumplía en su familia.

Con esta premisa, Lanthimos trata, por un lado, de poner en duda nuestra percepción de la realidad; pero también, ya no tanto nuestra percepción sino cómo construimos nuestra realidad social a contracorriente, en ocasiones de nuestra esencia misma, dándonos de bruces cuando esa realidad forzada y artificial que hemos construido se desmorona. También se observa una crítica a la figura autoritaria despótica y exenta de compasión alguna por sus subordinados.

Al igual que con el filme citado al comienzo del texto, Alps va macerando en el interior del espectador una vez sale del cine, haciendo que el mensaje que el cineasta griego emite reaparezca con fuerza en nuestras mentes de forma inesperada. Quizás, una vez más, como pasa otras tantas veces con este mal llamado “cine experimental”, el resultado es un ritmo excesivamente lento que, más que dar tiempo a la disquisición, invita al sueño. Alguno incluso accedió gustoso durante la proyección a la invitación que Morfeo ofrecía, despertando con sus ronquidos una sincera y simpática sonrisa, mucho más plena que la buscada por el siniestro humor negro con el que el director trata de distendir el enrarecido ambiente que crea la película.

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