LOS INFIELES (Jean Dujardin, Michel Hazanavicius, Gilles Lellouche, Jan Kounen, Fred Cavaye, Alex Courte, Emmanuelle Bercot, Eric Lartigau , XXII)

Una de 'seductores'

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Los infieles

Director: Jean Dujardin, Michel Hazanavicius, Gilles Lellouche, Jan Kounen, Fred Cavaye, Alex Courte, Emmanuelle Bercot, Eric Lartigau

Actores: Jean Dujardin, Gilles Lellouche

Género: Comedia

Duración: 109 minutos

País: Francia

Año: XXII

"Entré en el proyecto cuando me propusieron el guion. Acepté, sí, por amistad con Jean. Luego reescribí todo lo que pude". Es lo único que Hazanavicius, codirector y coguionista del filme, se atreve a decir sobre semejante ejercicio cinematográfico.

Resultados como Los infieles es lo que se obtiene cuando a uno no le basta con hacer lo que se le da bien y acaba metiéndose en camisa de once varas. Y a esto se han aventurado el recientemente oscarizado Jean Dujardin y su colega Gilles Lellouche (Pequeñas mentiras sin importancia), artífices de esta oda a la infidelidad con una comicidad al más puro estilo "teta-culo-pis".

La película, co-protagonizada por Dujardin y Lellouche ("yo me lo guiso, yo me lo como", que diría Juan Palomo) aborda la infidelidad a través de diferentes sketches en, al menos intencionada, clave de humor con personajes diferentes pero con la misma constante: satisfacer, cueste lo que cueste, ese primigenio instinto que nos impulsa a expandir la especie.

Pero esa técnica cómica con la que se pretende impregnar el guion acaba derivando en un humor fatigoso -por lo trillado- y fútil en torno a lo sexual, una praxis que estos actores metidos a cineastas deberían haber dejado a la banalidad del cine adolescente americano.

Este humor fallido se contrapone a la solvencia de su compatriota Intocable. Tan solo es salvable el episodio de la clínica de rehabilitación, en el que un grupo de adictos al sexo con voluntad de rehabilitarse intentan camelarse a la coordinadora de la terapia. El resto del filme se articula a través de gags manidos, sin atractivo, y que, para mayor despropósito, tratan de equilibrarse con amagos de tensión dramática en una película tan plana como la marejada de una taza de café.

Resulta incluso paradójico que la historia más repulsiva de las cinco ó seis que conforman el largometraje sea la dirigida por Hazanavicius, después de la sutileza de The artist.

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