KAROL WOJTYLA FALLECE EN ROMA TRAS 26 AÑOS DE PONTIFICADO

Juan Pablo II, viajero de la espiritualidad

Karol Wojtyla, un hombre de ojos azul cristalino, reflejo quizás de la tranquilidad y sencillez de su espíritu, aceptó el compromiso por el que ha salido del anonimato para entrar en la Historia: llegar al Papado en uno de los siglos más complicados de la Historia.

05-04-2005
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Había llegado la noche. Las calles de la ciudad polaca de Cracovia estaban sin iluminar. En un piso situado en el barrio de Debniki, en la ribera opuesta al castillo de Wawel del gélido río Vístula, iba a tener lugar una obra de teatro. Todos, tanto espectadores como actores, tuvieron buen cuidado de evitar las patrullas armadas que contribuían a asegurar el cumplimiento del toque de queda de la ocupación nazi. El Teatro Rapsódico, una compañía vanguardista comprometida a representar un "teatro de la palabra viviente", sin atrezzo iba a poner en escena una adaptación del poema épico de Adam Mickiewicz, Pan Tadeusz, un clásico de la tradición romántica polaca. En él, Mickiewicz exaltaba el sentimiento de independencia polaco e interpretaba que la Historia tiene una carga espiritual muy intensa y el camino que el alma ha de seguir para alcanzar la gloria es el sufrimiento.


Juan Pablo II, en uno de sus más de cien viajes
Sin embargo, quien más influyera en el por entonces joven actor Karol Wojtila sería Kamil Norwid, otro poeta romántico del que se dijo que "como Don Quijote, aspiraba a ser un caballero de la verdad". En el apartamento, con una iluminación escasa, daba comienzo un acto clandestino de resistencia cultural. Wojtila, de 22 años, estudiante de un seminario ilegal, entraba en escena mientras los megáfonos nazis de la calle comenzaban a difundir la noticia de una victoria más. No hizo caso al barullo del exterior y continuó recitando como si no existiera la ruda voz del poder ocupante. Quién le iba a decir que tiempo después, convertido ya en el Papa Juan Pablo II, el público que acudiría a escucharle sería el mundo entero. Su afición al teatro la compatibilizó con sus estudios. Representó varias obras clandestinamente en el Teatro Rapsódico fundado por Mieczyslaw Kotlarczyk.

Junto a su afición por los escenarios, la poesía ocupaba su corazón desde niño. En sus versos reflejó los verdes y variados paisajes de su Polonia natal y los poemas le sirvieron también para recuperar muchas de sus vivencias. Por ejemplo, utilizó el papel para plasmar poéticamente su trabajo como picapedrero en Zakrzowek, durante la Segunda Guerra Mundial.

"Escucha, escucha los golpes del martillo,
la sacudida, el ritmo. El ruido te permite
sentir dentro la fuerza, la intensidad del golpe.
Escucha, eléctrica corriente
de río penetrante que corta hasta las piedras.
La idea crece entonces en mí día tras día,
la de que toda la grandeza de este trabajo yace en el interior del
hombre".


Con este poema escrito en 1956, Karol Wojtyla mostraba la tensión entre el amor y la ira que constituía su trabajo en la cantera, además de poner de manifiesto su visión madura sobre el trabajo como actividad específicamente humana. La poesía del que sería el Papa más joven de la Historia, distaba mucho de ser sencilla. Mediante el poder de la abstracción, Karol interiorizaba en las relaciones humanas y en el poder místico. Tomando la voz de un humilde obrero en una fábrica de municiones moderna habla:

"No puedo influir en el destino del mundo; yo no inicio las guerras.
¿Trabajo contigo o contra ti? No lo sé.
Yo no peco.
Y me preocupa no tener influencia y no pecar...
Estoy preparando los fragmentos del desastre,
pero no consigo captar una sensación de totalidad,
el destino del hombre está por encima de mi imaginación...
Pero ¿es acaso suficiente?"


Wojtyla escribió un poema muy especial, Estanislao, en septiembre de 1978, poco antes de convertirse en Papa.


Durante su última visita a España, en mayo de 2003
EL COMIENZO DE UNA LARGA VIDA

En una pequeña ciudad provinciana de Polonia llamada Wadowice nació y fue bautizado Karol Wotjila Júzef el 18 de mayo de 1920. Lolek, pues así llaman cariñosamente a Karol en el seno familiar fue educado por su padre, un piadoso militar retirado y caballero de la vieja escuela. Su madre Emilia Kaczorowska Wojtyla murió el 13 de abril de 1929 antes de que Lolek cumpliera diez años, un mes después el niño hizo la comunión. El joven se convirtió en el mejor estudiante de su población, en un atleta entusiasta y en un actor aficionado que despertaba simpatía entre todos sus compañeros.

Una vez jubilado su padre, se trasladó a Cracovia e ingresó en la antigua Universidad Jagelloniana, pero sus prometedoras carreras académica y teatral se vieron cortadas de cuajo por la Segunda Guerra Mundial. Durante la ocupación, trabajó en una factoría química y en una cantera de piedra, experiencia que le permitió conocer de cerca el esfuerzo físico, la sencillez y sensatez, y la fe de la clase trabajadora y de los pobres. Como desafío a la crudeza de los ocupantes nazis de su país, se unió a un movimiento clandestino de resistencia cultural y colaboró en la creación de un teatro encubierto (El Teatro Rapsódico). Sus primeros pasos en la espiritualidad clásica los dio bajo la tutela de un místico laico que formaba hombres jóvenes en los grupos del Rosario Viviente.

El conflicto vocacional del joven se intensificó tras la muerte de su padre el 18 de febrero de 1941. Lolek se inscribió en un seminario clandestino que dirigía el heroico arzobispo de Cracovia, un aristócrata que le servía a Hans Frank la dieta popular de pan rancio y sucedáneo de café cuando el altanero general nazi insistía en ser invitado a cenar a la residencia episcopal.

En el periodo posterior al levantamiento de Varsovia, los nazis trataron de prevenir un estallido similar de abierta resistencia mediante el arresto de todos los hombres jóvenes de Cracovia. Lolek eludió la persecución de la Gestapo y se abrió camino a través de la ciudad hasta llegar a la residencia del obispo, en cuyo sótano se reorganizó el seminario clandestino. Cuando Polonia fue liberada de las garras de Hitler, Wojtyla fue ordenado sacerdote y enviado a Roma para licenciarse en Teología. Su tesis doctoral llevaba por título El acto de Fe en la doctrina de San Juan de la Cruz.


Ayudado de un bastón, hace años que empezó a tener dificultades para andar
Más tarde completaría sus estudios con la carrera de Filosofía. Cuando el sacerdote Wojtyla volvió a casa comenzó con una labor pastoral innovadora en las ceremonias religiosas, intensas conversaciones, cientos de horas en el confesionario y un cambio radical respecto a la pauta clásica de las relaciones entre los sacerdotes polacos y sus feligreses.

Tras completar su segundo doctorado, Karol Wojtyla impartió clases en la única universidad católica detrás del Telón de Acero, a las que acudían cientos de personas que escuchaban sus charlas en pie. Durante este tiempo escribió un libro sobre la ética de la vida conyugal que sorprende al grupo clerical por su celebración de la sexualidad humana como don divino para la santificación de marido y mujer.

Se consagró como obispo a los 38 años y fue elegido administrador de la Archidiócesis de Cracovia tras el fallecimiento de su titular, mientras el Gobierno y la Iglesia llegaban a un punto muerto en las negociaciones sobre un nuevo nombramiento.

APORTACIÓN EN EL CONCILIO VATICANO II

El obispo Wojtyla participó activamente en el Concilio Vaticano II de 1962 a 1965. Se convirtió en líder gracias a una gran aportación: lograr una nueva apertura católica hacia el mundo moderno y definir la libertad religiosa como un derecho humano básico. Se perfiló en este periodo su gran compromiso apostólico, especialmente compartiendo diversas actividades con los jóvenes.

En 1964 fue nombrado arzobispo de Cracovia con el apoyo entusiasta del Gobierno comunista. Se caracterizó por integrar a los laicos en la actividad pastoral, construir templos, promocionar el apostolado, así como la formación humana y religiosa de los obreros. Mientras llevaba a cabo una de las más exhaustivas puestas en práctica del Vaticano II en el mundo, el arzobispo se convirtió en cardenal en 1967 (el segundo más joven de la Iglesia católica).

Huyó de comportarse como se supone que deben de hacerlo los superiores eclesiásticos: esquiaba, pasaba las vacaciones entre laicos, practicaba remo en Kayak… El 6 de agosto de 1978, el Papa Pablo VI murió en Castelgandolfo. Fue enterrado el 12 de ese mismo mes en la Basílica de San Pedro. El 25 de agosto de ese año, el Colegio Cardenalicio eligió como Papa a Albino Luciani que adopta un nombre compuesto sin precedentes, Juan Pablo I. Tras 33 días de pontificado, el Papa de la sonrisa fallecía en extrañas circunstancias durante la noche. El cardenal Wojtyla predicaba sobre el amor de Cristo como primordial requisito para un Papa en la misa de su memoria en Roma. Ocho días después Wojtyla fue elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II, convirtiéndose en el primer pontífice eslavo y no italiano en 455 años.


Siempre cercano a los creyentes, en México no dudó en vestir un gorro típico de este país
PAPA ESLAVO Y VIAJERO

El líder del KGB, Yuri Andrópov, advirtió al Politburó soviético del peligro que se avecinaba, juicio que se vio confirmado con el regreso del Papa polaco a su patria en 1979. Desencadenó una revolución de conciencia que llevó al colapso no violento del Imperio soviético en Europa Central y del Este. El Papa eslavo o el Papa viajero, como le han apodado algunos, revolucionó la más antigua institución mundial, el papado, a través de peregrinajes pastorales a todos los confines del globo terrestre, y con un flujo interminable de documentos docentes que inciden en cada uno de los aspectos de la vida católica, además de en las más cruciales cuestiones del panorama mundial.

El 13 de mayo de 1981, cuando entraba en la plaza de San Pedro del Vaticano, fue víctima de un atentado del que logró recuperarse. Tiempo después perdonaría a su agresor, el turco Ali Agca. Como Vicario de Cristo redefinió las relaciones de la Iglesia católica con el judaísmo, invitó a los cristianos ortodoxos y protestantes a imaginar un papado que provea las necesidades de toda la comunidad cristiana, predicó entre adolescentes musulmanes y describió la intimidad de la vida conyugal como un icono de la vida interior de Dios, de la Santísima Trinidad. En 1995 se dirigió a las Naciones Unidas para defender la universalidad de los Derechos Humanos. Se describió a sí mismo como un "testigo de esperanza" en el fin de un siglo de perversidad.

Con esos principios publicó un bestseller internacional que se tradujo a 40 lenguas. El progresivo deterioro de su salud no impidió a Juan Pablo II continuar las líneas maestras de su Pontificado. Así, se pueden considerar como históricas la entrevista que mantuvo, en noviembre de 1996 en el Vaticano, con el líder cubano Fidel Castro, la reunión celebrada en Roma con George Leonard Carey (arzobispo de Canterbury) en diciembre de ese mismo año, y sus posteriores visitas a Líbano, Sarajevo, y de nuevo a su Polonia natal, donde tuvo la oportunidad de visitar los lugares en los cuales había crecido y donde había desarrollado su vida. Rezó ante las tumbas de sus padres y celebró misa ante un país orgulloso por la importante labor de su compatriota.

Se puede considerar como crucial e histórica la visita que realizó el Santo Padre en enero de 1998 a Cuba, durante la cual se mostró a favor de un cambio de la política de Estados Unidos hacia la isla por "lesionar a los más necesitados". Los cubanos recibieron a Su Santidad con gran alegría y entusiasmo, allí celebro varias misas multitudinarias, pidió la reconciliación de todos los cubanos y destacó la importancia capital del catolicismo en la formación última de la nación. Asimismo, solicitó la liberación de los presos políticos que llevaran más tiempo en las cárceles cubanas, petición que fue llevada a efecto de manera parcial unas semanas después por el régimen castrista.


Desde el atentado que padeció, siempre viajó en un Papamóvil con grandes medidas de seguridad
Desde el comienzo de su pontificado, el 16 de octubre de 1978, el Papa Juan Pablo II realizó 104 viajes pastorales fuera de Italia y 146 por este país y, como Obispo de Roma visitó 317 de las 333 parroquias romanas. Su labor de escritor también fue próspera. Publicó 14 encíclicas, 15 exhortaciones apostólicas, 11 constituciones apostólicas y 45 cartas apostólicas. Asimismo, escribió cinco libros: Cruzando el umbral de la esperanza (octubre de 1994); Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal (noviembre de 1996); Tríptico romano – Meditaciones, Libro de poesías (marzo de 2003); ¡Levantaos! ¡Vamos! (mayo de 2004) y Memoria e identidad publicado recientemente en este 2005.

Juan Pablo II fue sido también el Papa de los récords en otros aspectos. Presidió 147 ceremonias de beatificación, en las que proclamó 1.338 beatos y 51 canonizaciones, con un total de 482 santos. Wojtyla celebró nueve consistorios, durante los cuales creó 231 (más uno in pectore) cardenales. También estuvo al frente de seis asambleas plenarias del Colegio Cardenalicio. Desde 1978 hasta su fallecimiento, el Santo Padre presidió 15 Asambleas del Sínodo de los Obispos: seis ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994, 2001), una general extraordinaria (1985), y ocho especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 [2] y 1999).

EL PAPA DE LAS MULTITUDES

Ningún otro Papa se encontró con tantas personas como Juan Pablo II. En cifras, más de 17.600.100 peregrinos participaron en las más de 1.160 audiencias generales de los miércoles. Ese número no incluye las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas, como los más de ocho millones de peregrinos durante el Gran Jubileo del año 2000, y los millones de fieles que el Papa ha encontrado durante las visitas pastorales efectuadas en Italia y en el resto del mundo. Hay que recordar también las numerosas personalidades de Gobierno con las que se entrevistó durante las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 246 audiencias y encuentros con primeros ministros.

El pontificado del Papa Juan Pablo II ha sido uno de los más importantes de los últimos siglos para la institución religiosa y para el mundo, por lo menos el Pontífice de mayor trascendencia desde la Reforma y la Contrarreforma en el siglo XVI. El Papa polaco ha sido la cabeza de más de 900 millones de católicos. Juan Pablo II ha sido también, el Papa más visible de la Historia. Es casi seguro que le ha visto más gente en vivo que a cualquier otra persona. Es más, si se le añade el impacto multiplicador de la televisión, resulta casi imposible determinar hasta qué punto ha llegado hasta los más apartados reductos de la Humanidad. Tal es así, por ejemplo, que en el año 1994, la revista TIME le nombró Hombre del año.

El Papa eslavo ha sido para millones de personas, muchas de las cuales no son católicas romanas, la gran figura de nuestros tiempos, el defensor y la principal encarnación de una fuerza moral que ha guiado sin riesgos a la Humanidad a través del más sangriento de los siglos. Las críticas han acusado al Papa de mantener una postura conservadora en cuestiones éticas o de comportamiento eclesiástico como los métodos anticonceptivos, el divorcio, el aborto, el celibato sacerdotal y su oposición a permitir la ordenación sacerdotal de la mujer en la Iglesia.


Su última carta apostólica antes de morir estuvo destinada a los medios de comunicación
Otros, lejos de decantarse por uno de los lados de la balanza, se declaran intermedios y admiran la defensa que ha hecho Wojtyla de los Derechos Humanos, sus intentos de llegar al judaísmo y su dedicación a la paz, pero al tiempo consideran deplorables su teología y sus juicios morales. El determinante Mijail Gorbachov, ex presidente de la antigua Unión Soviética, declaró que Juan Pablo II sería indispensable para la conclusión pacífica de la Guerra Fría. Por otro lado, el líder cubano Fidel Castro manifestó en privado que en su primer encuentro con el Supremo Pontífice de la Iglesia Universal, se sintió como si estuviera en familia. Y, aquellos que han trabajado cotidianamente con él, incluso quienes se muestran en desacuerdo con ciertas decisiones o con su método de llevar el Papado, confirman de forma unánime su santidad personal, su amabilidad y su ilimitada capacidad de escuchar. Candidato al Premio Nobel de la Paz en 1998 ha sido el primer Papa en poner sus pies en una asamblea islámica, en una sinagoga judía, en una iglesia luterana e incluso, en una mezquita.

Con respecto al misticismo de Karol Wojtyla es probable que considerara virtualmente imposible describir sus más profundas experiencias religiosas, que le convirtieron en el Hombre que fue. Los que han escuchado a Juan Pablo II decir sus oraciones antes de la misa matutina en su capilla privada saben que en la vida de Karol Wojtyla existió una dimensión en la que Dios era su solo compañero e interlocutor en una conversación que iba más allá de las palabras.

Su vida, sus convicciones y su doctrina han representado un inequívoco desafío para la época en que ha vivido. A una modernidad tardía dominada por el principio de placer y por la terquedad personal, ha insistido en que el sufrimiento puede resultar redentor y en que la obligación constituye el núcleo de la religión bíblica. En un entorno intelectual en que se niega la capacidad humana de saber cualquier cosa con certeza, ha enseñado que las verdades universales existen, que los hombres podemos conocerlas y que al hacerlo se nos imponen ciertas obligaciones morales. En unos tiempos en que la personalidad se considera infinitamente plástica y la naturaleza humana es vista como urdimbre cultural, ha defendido la idea de una naturaleza humana universal e insistido en la condición altruista del ser humano. En una cultura en que la felicidad se identifica con el talento y su afirmación, ha enseñado que la felicidad se encuentra en la obediente sumisión del talento y la voluntad a la verdad trascendente y el amor. En contra de la tentación de establecer la utilidad como único criterio para la valoración de cualquiera, ha insistido en que todo ser humano posee dignidad y valía inherentes e inalienables. En un momento histórico que celebra la búsqueda del interés personal, ha enseñado que veneramos a Dios y nos esforzamos en alcanzar la santidad no porque ello redunde en nuestro bien, sino porque así es como debe hacerse.

En un mundo que asume la Historia como un producto de impersonales fuerzas económicas y políticas, ha defendido la prioridad de la cultura y el poder de transformar el mundo del alma humana. Juan Pablo II, con sus muchos defectos y muchas virtudes, ha sido el viajero de la espiritualidad. Fue un hombre grande que llevó en su maleta el mensaje de Amor del cristianismo a los confines del mundo.

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