Bárcenas y la Bolsa (II)

15-07-2013
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Hace tiempo, escribí aquí sobre las repercusiones negativas que el caso Bárcenas podía tener en los mercados financieros. A la luz de los acontecimientos, me veo obligado a volver sobre el asunto. He hecho el ejercicio de ver dónde estaban el Ibex y la prima de riesgo el día que el ex tesorero y ex senador del PP Luis Bárcenas fue enviado a prisión (27 de junio) y la conclusión es que hoy estamos peor. No es que la Bolsa o la prima de riesgo se hayan precipitado al abismo, pero desde luego no hemos mejorado nada. Los niveles de referencia a los que hay que prestar atención son los siguientes: los 8.000 puntos en el caso del Ibex 35 y los 300 puntos básicos en la prima de riesgo, que sitúan el coste de la financiación del bono español a 10 años en un rango entre el 4,5% y el 5%. De momento, el caso Bárcenas no ha conseguido sacudir a la Bolsa de sus anclajes, pero está claro que no ayuda.
Como hemos insistido hasta el hartazgo, la Bolsa no es un consejo de sabios que sanciona sobre la virtud o el desacierto de una política económica concreta; la Bolsa es un negocio. Lo que fluye es dinero y hay algo que el dinero detesta: la incertidumbre. Y el caso Bárcenas encierra un potencial de impredecibilidad que puede llegar a exasperar a los soberanos mercados. ¿Cuáles son los potenciales efectos del caso Bárcenas desde un punto de vista bursátil? El primero es la dispersión de un Gobierno que está obligado a devolver a España la credibilidad perdida en los últimos años; el segundo, consecuencia directa del primero, es el peligro de parálisis del Ejecutivo. España, como país, tiene un enorme problema de deuda. No es un problema de deuda pública, como se insistió machaconamente en otros tiempos (y que sigue sirviendo hoy de coartada para desmontar el Estado de bienestar), sino de deuda privada, que representa el 210% del PIB y es una de las más altas del mundo en términos relativos. Se necesita de un Gobierno activo, no uno esclerotizado, para evitar que esta deuda se vaya transfiriendo del sector privado al público y que se convierta así en una carga insoportable para todos los españoles. El peor de los escenarios posibles sería, evidentemente, el de la caída del presidente del Gobierno; una situación que, aunque no condujera de forma inmediata a la convocatoria de elecciones anticipadas, sumiría al Ejecutivo en un estado de trance en el que perdería toda la confianza de los inversores.
Aún es pronto para evaluar cómo reaccionarán los parqués, pero recuerden: el dinero es miedoso por naturaleza y si llega la hora del pánico, no atenderá a matices.

Fernando Martínez Badás

Licenciado en Periodismo

Máster en Periodismo de El País

Postgrado en Información Económica

Desde 2001, atento a lo que se cuece en los Mercados Financieros



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