Malala nació y vivió su primera juventud en Afganistán, en una tierra de por sí hostil y en un momento en que se celebraba la venida al mundo de los varones ensartando disparos al aire mientras que a las niñas recién nacidas se las ocultaba tras una cortina. Sus padres la adoraban, era su predilecta a pesar de tener también hijos del sexo masculino. Nunca se rindió, conocía los entresijos de un mundo que una niña de su edad no debía vivir y era consciente de las grandes maldades que sacudían su entorno por aquel entonces.
Su padre era maestro de escuela y, aun sabiendo las consecuencias que su actitud traería, animó a su niña a seguir aprendiendo sin atender las amenazas. La pequeña se dio a conocer públicamente con 11 años, a través de un blog donde relataba la crudeza de todas sus batallas familiares. Fue creciendo y dejando testimonio escrito de la barbarie hasta que un día, a la edad de los 16, una Malala de fuerte carácter ya adolescente, fue tiroteada en la cabeza a quemarropa por los talibanes a la salida del colegio, si no murió fue cosa del destino, prefirió alzar su voz cuando todos callaban aún a riesgo de no poder volver a hablar nunca más.
Llega Yo soy Malala el libro que relata precisamente esta historia. Malala Yousafzai ha sido repetidamente galardonada por su labor, considerada como heroica en todos los sentidos. Le han concedido el Premio Nacional de la Paz en Pakistán en 2011, el Premio Infantil de la Paz en 2013 y además es la nominada más joven para recibir el Novel de la Paz. Hoy, esta mujer legendaria sigue luchando por el avance de la educación femenina en su entorno a través de la Fundación Malala Fund, una asociación sin ánimo de lucro que apuesta por la integración en el sistema de enseñanza para los más desfavorecidos. Ella es la auténtica protagonista de la novela, pero la periodista, traductora y colaboradora en el trabajo es Cristina Lamb, corresponsal en Pakistán y Afganistán desde 1987. Alumna de Oxford y Harvard, se formó como reputada informadora, ha publicado ya cinco obras y recibió numerosos reconocimientos en su profesión.
La temática de la historia se ha encuadrado dentro de la política y los testimonios de alguien tan convencido e idealista como lo es Malala emocionarán probablemente a la mayoría de lectores: “yo no hablo por mí, sino por aquellos cuya voz no puede ser oída, aquellos que han luchado por sus derechos. Su derecho a vivir en paz, a ser tratados con dignidad, a la igualdad de oportunidades y a la educación”. Ahora es, junto con Gandhi, una de las mayores figuras líderes de la protesta pacífica.
Este libro encantará a todas aquellas personas a quienes no les importe sufrir mientras leen, esta no es una novela de placer, sino de crecimiento personal, de esas que ponen los pelos de punta cuando se mete uno en el argumento, con el añadido de que esta barbarie sucedió realmente. Como ya hiciera la pequeña Anna Frank en su diario, ahora Malala, echa la vista a una infancia terrorífica para poner las cartas sobre la mesa y despertar la sensibilidad de todos aquellos que quieran conocer su historia. Una historia preciosa sobre el miedo y la superación y sobre alguien que experimentó ambas cosas quizá desde un prisma demasiado cercano.