Bímini es el lugar donde reina la imaginación, el libro para mentes potencialmente fantasiosas. A lo largo de sus páginas el lector descubre las circunstancias y sucesos más asombrosos: cómo dos hombres solos cuestionan las reglas de La navegación acuñadas desde hace siglos afirmando que los barcos deben construirse de otro modo, cómo un par de sujetos demuestran que los países más ricos en petróleo pretenden monopolizar la producción de energía conspirando para que los pobres no aprovechen sus recursos de carbón, o de que forma una pareja de individuos se hace con 200 millones de dólares sin robar ni dejar rastro.
Para Alberto Vázquez Figueroa no hay nada imposible, si hay algún trabajo suyo destinado a transportar al mundo de los sueños, ese es este tomo. Aquí nada responde a la lógica, cualquier tipo de pensamiento tiene cabida, preguntas sin respuesta, ocurrencias impensables y razonamientos disparatados con el fundamento suficiente como para que alguien piense “¿Y por qué no?”. No cuenta una historia, más bien contesta a preguntas que todos se han formulado y nadie ha sabido plantear.
La magia de cada párrafo reside en el encanto que encierra la forma en que se redacta, una formula infantil a la par que madura, con bases rigurosas, pero sin complicaciones, con sinceridad y desnudez, gracia y chispa. Una narración llena de paradojas, contada de una forma tan original que engancha aunque no guste demasiado la lectura, es lo que se suele conocer como un libro a medias entre la pedagogía, la narración y pura imaginación en libertad, puro juego inocente y adulto a la vez.
Alberto Vázquez Figueroa, (1936) es un escritor cuyos comienzos estuvieron marcados por la tragedia, concretamente la Guerra Civil, por causa de la cual muchos de sus familiares fueron detenidos y deportados. Esta circunstancia, sumada al fallecimiento de su madre a los 13 años, hacen que crezca de golpe y se desplace al Sahara para vivir allí su adolescencia. Tras algunos años a bordo del buque escuela Cruz del sur, la publicación de grandes reportajes en el semanario Destino y su frenética actividad como corresponsal de guerra y enviado especial para La vanguardia y Televisión Española se puede decir que cuenta con una formación de lujo. Así, va compaginando obligación con devoción hasta que publica algunos de sus libros más famosos, que después son trasladados al cine, como El señor de las tinieblas , Océano y Cienfuegos Además en 2010 se alzó con el prestigioso premio Alfonso X el sabio.