Después del terremoto es el último libro que llega a España del escritor Haruki Murakami, un obra basada en la situación que vivió Japón tras el terremoto ocurrido en la ciudad de Kobe en 1995. Para contar este terrible acontecimiento y sus consecuencias se ha servido de seis historias, Ovni en Kushiro, Paisaje en Flatiron, Todos los niños de Dios pueden bailar, Tailandia, Súper-Rana salva Tokio y por ultimo tarta de miel.
Haruki Murakami, como en sus obras anteriores, ha optado por hacer una obra breve, fácil de leer y entretenida, transmitiendo una situación dramática mediante seis historias diferentes. El protagonista de la obra es el terremoto y cómo un fenómeno natural irrumpe en mayor o menor medida en la vida de los ciudadanos japoneses. Muestra el dolor de las familias y cómo en estas ocasiones es cuando destacan la compasión y el coraje del ser humano.
El terremoto de Kobe fue un hecho que marcó la vida del autor, él entonces vivía en Estados Unidos, sin embargo tuvo que ver los horrores que había provocado el terremoto que causó 5.000 víctimas y que más de 300.000 japoneses perdieran sus casa incluidos sus padres. Todo esto le llevó a escribir Después del terremoto que fue publicado originalmente en el año 2000. Junto a este hecho también marcó su vida el incidente ocurrido en el metro de Tokio, un ataque de gas provocado por una secta, que le llevo a publicar Underground.
Las obras de Murakami llegan de forma tardía a España, a pesar de ello se están convirtiendo en libros de éxito en nuestro país. Entre sus obras se encuentran Baila, baila, baila que se publicó en Japón en 1988 y es la continuación de La caza del carnero salvaje. Aunque a estas se unen otros títulos más que no han salido de las fronteras japonesas como Hear the wind o El elefante se desvanece entre otros.
Después del terremoto es un libro que acerca al lector a la situación de aquellas personas que se vieron afectadas por el terremoto y cómo, poco a poco, esos miles de ciudadanos japoneses salieron adelante con su esfuerzo y valentía. Además de ser un reflejo de la impotencia que supuso para el autor no poder hacer nada ante una catástrofe de esas dimensiones.