“En ese ajetreo de idas y venidas de jóvenes veinteañeros y algún que otro treintañero, destaca un hombre de pelo blanco que repasa con sus manos unos retales de seda, algodón, lino y licra. Viste camisa blanca…”. Con aire quimérico David Martínez, periodista, describe un universo de interés mundial: el de Amancio Ortega y su Inditex. La novedad de éste con respecto a los muchos libros que se han escrito sobre Ortega y sobre Zara, es que Martínez intercala aspectos personales del empresario con la explicación del modelo de negocio de su empresa. Aporta anécdotas y testimonios que perfilan la personalidad de Amancio, a la par que la historia de la multinacional.
La aventura de Zara empieza cuando un niño leonés decidió dejar los estudios para trabajar como "chico de los recados" en la camisería Gala de A Coruña. Tenía sólo 14 años. Medio siglo después, todavía no ha terminado: trabajador nato, el señor Ortega, de 76 años, continúa día a día en la central de su imperio, en Arteixo (Galicia).
Según el autor, más que una biografía es una investigación periodística para animar a los jóvenes a montar su propia empresa, quiere ser “un soplo de ánimo” para que los emprendedores sigan creando, “sin miedo y con ganas de salir adelante”, ha contado él mismo en varias entrevistas.
Para escribir Zara. Visión y estrategia de Amancio Ortega, David Martínez ha realizado más de 50 entrevistas con empleados y con ex empleados del grupo Inditex, pero le ha faltado una muy importante: Amancio Ortega sólo aceptó hablar con él bajo la condición de que no utilizara frases literales en el libro. Escaso de información, el periodista se ha visto obligado a apoyarse en cuatro obras con la misma temática para ofrecer declaraciones y anécdotas en primera persona.
Quizá la visión de Martínez sea exclusivamente afectiva, pues no encaja muy bien el adjetivo “austero” cuando describe el pazo de 42.000 metros cuadrados que tiene Amancio en Galicia. O que admire cómo “sólo” se compró un avión privado. Pero la intención de David Martínez es mostrar a un Amancio Ortega trabajador, campechano, un hombre corriente. No hace falta ser pobre para ser bueno, y menos Amancio Ortega, quien acaba de acaparar la prensa con su reciente donación de 20 millones de euros a Cáritas.