La cosecha humana apunta a un género negro inquietante, basada en hechos reales, en una ciudad de Jerusalén que no escapa del conflicto árabe-israelí. Está sumida en una tensión bélica bajo la que se permiten actos tan deleznables como el maltrato a la mujer, el odio en nombre de Dios o el tráfico ilegal de órganos, todo ello fomentado por una situación de pobreza, violencia extrema e intereses partidistas. En medio de todo este torbellino aparece una joven árabe asesinada a pedradas. A partir de ahí comienzan a aparecer cadáveres, cada uno con una muerte tanto o más cruel que el anterior. El drama del suceso y las pocas pistas que desvelan los cuerpos, algunos mutilados, permiten que el ritmo de la lectura comience pronto a coger velocidad.
Los encargados de la investigación, la inspectora Sarah Toledano, una judía española de tradición sefardí, y el sargento Lautaro Heller, judío argentino emigrado a Israel en busca de estabilidad económica, no tardan en descubrir que los crímenes tienen un nexo común, una organización extremista con fines políticos y con una carencia peligrosa de escrúpulos. Durante sus pesquisas, Toledano y Heller, se encuentran con indicios contradictorios a los que mantiene el comisario Goldiak, algo que sin duda mantendrá en vilo al lector a base de capítulos cortos y a una ágil cadencia de los diálogos.
Durante sus indagaciones, la inspectora Toledano va a vivir situaciones extremas. En los detallados escenarios que recorre, desérticos, austeros, el crimen se amalgama con los recuerdos de un pasado tormentoso difícil de olvidar y que no deja de condicionar al presente.
El amor llama a su puerta mientras el pasado le atormenta, un capítulo oscuro cuyo silencio debe interrumpir.
No faltan los toques de humor necesarios para darle agilidad y entereza hasta que la intriga explota en las páginas finales. Sorprendente desenlace.