Quien se ponga a leer ahora Los Santos Inocentes con la mentalidad de lector medio que reina hoy en día va a pasarlo mal. Tanto por el estilo del lenguaje, como por la crueldad y la dureza de los hechos que se narran.
Se puede decir que la novela resucita el tremendismo de los años cuarenta iniciado por Camilo José Cela en su faceta más desgarradora, es decir: el lector va a encontrar con personajes cuya existencia en sí misma es la explotación y el sufrimiento, marginados sociales con problemas de toda naturaleza que arruinan sus esperanzas de futuro.
Esta novela hace que Ella que todo lo tuvo parezca Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, así que hay que ir preparados. Este tipo de historias hoy en día están totalmente pasadas de moda, si lo miramos de una manera comercial y estilística, pero si sabemos trasladar el contexto histórico a la actualidad, seguimos teniendo una historia moderna de explotación de los débiles y de miseria económica y moral.
Y si algo ha habido siempre son explotados, pobres y malnacidos. Así que, en cierto modo, la novela se pudo leer cuando se escribió, se puede leer ahora y se podrá leer dentro de 100 años sin problema, a menos que la humanidad de un inesperado giro de 180 grados y las cosas se empiecen a hacer bien.
Los Santos Inocentes es un retrato de los marginados de todas las sociedades escrito implacablemente, de forma áspera y cayosa y sin ningún tipo de ornamento. Es una novela que todo el mundo debería leer, pero que requiere un estómago fuerte que soporte toda la crudeza.
Como nota final, decir que más conocida que la novela es la película protagonizada por Alfredo Landa en 1984, dos años después de la publicación del libro. El filme recoge perfectamente lo que Delibes quería expresar, con la misma acritud, y es una película recomendable pero que requiere la misma predisposición que la novela.