Alexandre Taillard es un hombre alto, atractivo, carismático y el Ministro de Asuntos Exteriores del país de las luces. Su política se apoya en la santísima trinidad de los conceptos diplomáticos: tales son la legitimidad, la transparencia y la eficacia. Se muestra contrario a los neoconservadores estadounidenses y ataca a la codiciosa corrupción tanto rusa como china. Pasea su melena plateada y su cuerpo atlético desde la tribuna de Naciones Unidas en Nueva York. Interpela a los poderosos e invoca a los espíritus más magnánimos para que vuelva la paz, calmando a los que quieren apretar el gatillo y cuidando su aura de futuro para construir el camino hacia su más ansiado objetivo: el Premio Nobel de la paz cósmica.
El Ministerio de Asuntos Exteriores contrata al joven Arthur Vlaminck como encargado del “lenguaje”. En otras palabras, redactará los discursos del ministro. Pero a Arthur le queda aprender a hacerse con la susceptibilidad y el entorno de la presidencia, abrirse camino entre el director del Gabinete y los consejeros, en un entorno donde reina el estrés, la ambición y las puñaladas traperas… Atisba el destino del mundo mientras observa como se manejan los hilos del mundo de la política a la vez que se hace más fuerte la amenaza de los tecnócratas.
Tras estos dos primeros párrafos bien puede parecer que estamos contando la biografía de algún eurodiputado de estos que salen por televisión y parecen no existir, pero estamos ante la divertida historia de un político muy diferente al resto. Parafraseando al propio Bertrand Tavernier, estamos ante un ministro que vive en otro mundo, que provoca tornados a su alrededor de los que ni se da cuenta ni le importa. Versiona el popular cómic de corte político con el mismo nombre, aunque asegura que ha procurado distanciarse con cambios.
Esta propuesta ácida y simpática del veterano director francés fue respaldada por los aplausos y las risas en su presentación en la última edición del Festival de Cine de San Sebastián, donde Quai d'Orsay (The Minister) será su título para Estados Unidos y Crónicas diplomáticas en España, intentaremos no hacernos un lío) se llevó el premio al mejor guión. Esta película llamará nuestra atención por su estilo casual y su ritmo enérgico que no va a dejar que nadie se aburra. Es, sin duda, una crítica sarcástica y desternillante de la política frances que llega a nuestros cines realmente bienintencionada y con la aspiración de hacernos pasar un gran rato.
Tavernier se mojó en Donosti sobre el ministro Wert, de quien dijo que "hace declaraciones que suelen ser aberrantes, bastante mediocres y que evidencian que no conoce bien la cultura, aunque eso les pasa también a los de la Comisión Europea".