Actores: Liam James, Sam Rockwell, Steve Carell, Toni Collete, Allison Janney.
Género: Comedia
Duración: 103 Min
País: Estados Unidos
Año: XXII
Duncan tiene 14 años, está en ese típico periodo de crecimiento en que, desde luego, no es un niño, pero tampoco se siente adulto del todo. Sus padres intentan sacar de él un provecho que ni siquiera sabe que tiene. Quieren enderezarle, pero sus planes no le convencen para nada.
Otro verano igual al anterior, con la misma gente preocupada y psicológicamente inestable, lo único que quiere es escapar…El día que menos lo imagina conoce a Owen, director del parque acuático del lugar. Lejos de ser un chaval de su edad, Owen se parece más al típico treintañero despreocupado y ligeramente amargado. No tienen nada que ver, sin embargo, pronto se empiezan a estrechar los lazos entre ellos y el chico comienza a considerarle más su familia que al resto de su entorno. Él le moderniza, le enseña a ligar, le comprende…
El camino de vuelta lleva clarísima la impronta de sus directores, Nat Faxon y Jim Rash, creadores también de los largometrajes Pequeña Miss Sunshine y Juno, ¿Qué tienen en común todas esas producciones? Sus protagonistas, preadolescentes y jóvenes desnortados, unos más maduros que otros. Nuevamente se repite el patrón y es que el argumento es más de lo mismo, aquí lo original no está en la historia que se cuenta, sino en cómo se resuelve su transcurso. Las películas anteriormente mencionadas tuvieron una acogida bastante aceptable en cartel y taquilla, nada hace pensar que esta cinta vaya a ser una excepción. Supera la mediocridad pero no llega a la brillantez.
Esta vez las cabezas pensantes no le dieron demasiadas vueltas al asunto. Este argumento recuerda muchísimo en forma y fondo a aquella otra cinta dirigida por los hermanos Weith Un niño grande, basada a su vez en una novela, protagonizada por un adulto demasiado infantil y un niño excesivamente maduro para su edad que se retroalimentan y aprenden el uno del otro. El mensaje que pretende transmitir la historia es muy parecido.
Quizá la clave del éxito de los Weith estuvo en la elección de Hugh Grant como actor protagonista, este posee un don para este tipo de papeles estereotipados. Lo que le ocurre a la película presente es lo contrario, no tiene grandes nombres en los títulos de crédito y pese a que la intención es buena, el guion no está nada mal y el regusto final es de simpatía, no llega a comunicar todo lo que se pretende, no queda en la mente del espectador para recomendarla posteriormente. Le falta fuerza. Al principio la fórmula les resultaba porque pocas veces se había visto un cine como el que ellos hacían, pero ahora comienzan a repetirse y eso se nota.